El miedo de los bancos centrales

Los dos principales bancos centrales del mundo (la Reserva Federal americana y el BCE de la zona euro) se han pronunciado estos días con cautelas subidas de tono. Ambos otean el horizonte económico con preocupación, sobre todo por el impacto de la incierta guerra comercial en el crecimiento de las economías respectivas, aunque en Estados Unidos está haciendo menos mella (un 2,6% de crecimiento se espera para el PIB de este país este año) que en la zona euro, en donde las previsiones que se manejan rondan el 1,2% para este año y del 1,4% para los dos próximos ejercicios. En el caso europeo, las previsiones de los dos años venideros han sido levemente recortadas.

El resumen viene a subrayar el escaso margen de maniobra que ambos tienen para adoptar medidas aunque se reservan la posibilidad de echar mano de ellas llegado el caso. De momento, la Reserva Federal americana ya ha abandonado el lenguaje belicista de tipos en alza y, para sorpresa de algunos, ha comenzado a hablar de recortar tasas de interés o adoptar medidas equivalentes, en línea, de alguna manera, con las diatribas de Trump, que había urgido a la Fed la necesidad de aplicar recortes de tipos para activar la economía. En tono más templado, Jerome Powell, el jefe de la Fed, parece haber asimilado la necesidad de ayudar a activar el crecimiento del PIB.

En Europa, la situación es algo más complicada porque las incertidumbres económicas dimanan de la confrontación entre las dos grandes potencias económicas, por lo que la Eurozona está al margen de las grandes decisiones que se juegan en el tablero internacional. El BCE, que vive la última etapa de Mario Draghi como presidente (se despide en octubre), sigue demorando la posible subida de tipos para desesperación de los banqueros.

Pero no parecen existir condiciones óptimas para una subida de tipos porque ni hay presiones inflacionarias (al contrario, cuesta acercarse al 2% de objetivo previsto) ni los acontecimientos políticos juegan a favor, con el Brexit acechando y la posición belicista de Italia amenazando la estabilidad de la Eurozona. Hay por lo tanto más motivos para bajar los tipos o hacer algo que se le parezca en materia monetaria que para endurecer la posición del Banco Central Europeo.

Los últimos movimientos en los mercados han subrayado esta orientación de la política monetaria, con tipos cada vez más en baja. El bono alemán a 10 años se ha derrumbado en las últimas semanas y se mueve alrededor del -0,24%, un nivel bastante insólito. Más llamativo es el caso de la deuda española, con el bono a 10 años situado en mínimos históricos (0,61% en el mercado secundario este jueves) mientras las tres subastas de Deuda Pública adjudicadas precisamente este jueves se han cerrado con tipos marginales negativos, del -0,357% en el caso de los bonos a 3 años de plazo y del -0,090% en el bono a 5 años, un tipo negativo del que no existen precedentes. También los bonos indiciados a largo plazo han sido vendidos este jueves en el mercado a tipos negativos, del -0,259%, cosa nunca vista. Todo parece indicar, en suma, que los tipos bajos tienen largo recorrido y los bancos centrales no se fían para nada de que la economía baja a cambiar de aspecto a mejor.