Dos sectores amenazados

Hay dos sectores bastante importantes en la economía española que están aquejados en estos últimos años o meses por serios problemas de empleo y quizás de productividad. Se trata del sector industrial y del bancario. Los dos están viviendo un reguero de pérdidas de trabajadores por motivos diferentes. Gracias a que hay otros sectores que están tirando del carro, el descenso de estos dos sectores en su aportación al empleo global en España se ha notado menos. Pero de forma puntual es bastante perceptible. Y cuando se hacen balances anuales, las cifras ofrecen resultados bastante preocupantes, no tanto por lo que ha sucedido hasta ahora sino por lo que pueda pasar en un futuro a medio y largo plazo.

Una de las razones que invitan a la preocupación es que se trata de crisis de empleo que no responden a situaciones cíclicas, ya que el automóvil marcha viento en popa en cuanto a ventas y la actividad bancaria registra niveles altos de actividad, como refleja una economía que muestra una aceptable tasa de crecimiento, la mayor entre las economías europeas de mayor tamaño. Por lo tanto nos encontramos con un asunto de índole más estructural que cíclica, más relacionada con la arquitectura sectorial que con los niveles de actividad económica.

El nivel de empleo en el sector bancario no deja de disminuir desde que alcanzara sus máximos históricos en el año 2008, con 270.900 personas empleadas. El año pasado, la reducción fue de unos 5.500 puestos y este año ya hay sobre la mesa dos grandes expedientes de reducción que suman una cifra similar, por lo que a cierre del ejercicio la reducción de puestos de trabajo en este sector puede ser bastante superior al del pasado año. Habrá que suponer que puede producirse alguna fusión bancaria, lo que contribuiría a acelerar el proceso de ajuste de número de oficinas y de empleados. La reducción de empleo en este sector no tiene estrictamente una relación con el ciclo económico sino que responde a cambios en profundidad que se están desarrollando en la operativa bancaria, sobre todo con la aparición de las nuevas tecnologías y el modo de gestionar la liquidez y el sistema de pagos global. Por lo tanto, es de esperar que el proceso de adelgazamiento continúe.

En el caso de la industria automotriz, hay razones de naturaleza también estructural y tecnológica, como el impacto negativo que ha tenido en la producción durante los últimos meses el cambio de normativa en la fabricación de motores de vehículos ligeros con motivo de las normas medioambientales. Además, la guerra comercial de Estados Unidos con los fabricantes europeos y con China está causando un notable perjuicio a la exportación española de coches y de componentes, sobre todo de coches, lo que se traduce en ajustes de empleo y cierre de algunas plantas.

El caso de la industria es bastante más grave que el del sector financiero ya que los cambios en este sector afectan no sólo a la automoción sino a grandes empresas industriales de otros subsectores, que se han planteado su permanencia en España debido a los elevados costes de algunos factores de producción, como la electricidad, de la que disponen a precios más asequibles en otros países, lo que está forzando la migración de algunas industrias en donde el empleo tiene un peso importante. La industria española tiene una gran dependencia de la exportación y viceversa. Y esta debilidad se está empezando a notar en las cifras no sólo de exportaciones sino de empleo.