Oficinas y fusiones bancarias, de la mano

Hay dos procesos de ajuste bancario en marcha que han despertado el lógico interés en el sector bancario y entre los analistas. Santander y CaixaBank han puesto sobre la mesa de negociación una reducción de empleo que en conjunto afectará a unas 5.700 personas (de ellas, 3.700 al Santander) y unas 2.000 oficinas (más de 1.100 al banco, 800 a la caja). Son palabras mayores ya que afectan a más del 10% de la plantilla en el caso de la entidad bancaria.

Era bien sabido que España contaba con la red más tupida de sucursales bancarias de toda Europa, fenómeno que no se podría desligar de la actividad turística debido al uso intensivo que los extranjeros que visitan España hacen de la importante red de cajeros y de oficinas bancarias españolas para atender, en especial en los meses de verano, a las elevadas necesidades de millones de clientes de otras entidades de otros países. España alcanzó las 46.000 oficinas en septiembre del año 2008, la cota más alta, desde la cual el número de sucursales ha ido cayendo. Se han cerrado en estos años unas 20.000 sucursales.

Pero, con todo, el sector bancario tiene conciencia de que el proceso no está ni mucho menos al final sino más bien en un incierto punto intermedio, que seguirá recortando cuando menos las oficinas físicas. Lo de la reducción de empleo es otra historia.

La pérdida de utilidad de las oficinas de atención al público es un proceso paralelo a la pérdida de importancia del manejo de dinero efectivo y al aumento de los nuevos medios de transacción electrónica vía Internet y con la telefonía móvil como instrumento que juega un papel cada vez más destacado en la vida cotidiana y, por lo tanto, también en la operativa del dinero y de las gestiones que pasan por las entidades financieras. La pérdida de importancia de la  oficina, tal y como la hemos conocido en el  pasado, está por lo tanto lejos de haber finalizado su recorrido.

Todo ello se suma a la etapa de bajos tipos de interés y por lo tanto reducidos márgenes con los que opera el sector bancario en relación con sus épocas doradas de hace un decenio. Esta pérdida de rentabilidad en la operativa es la que  explica la aceleración del proceso de adelgazamiento de las empresas financieras, obligadas a reducir capacidad operativa no sólo por los nuevos rumbos que toma  la actividad bancaria con la aparición de las nuevas tecnologías sino por la etapa de bajos tipos de interés en la que se encuentra el sector en estos últimos años como consecuencia de las políticas desarrolladas por el Banco Central  Europeo para insuflar estímulos a la economía.

Dentro de ese proceso encajan, o deberán encajar, las fusiones bancarias, a pesar de los altibajos que experimenten ahora o en el inmediato futuro. Alemania e Italia están en fase de acercamiento por parte de algunas de sus entidades para formar bancos más fuertes y con economías de escasa. En España, la subsistencia de entidades de tamaño  medio y pequeño es todavía importante. El fracaso estos últimos días de la fusión entre Liberbank y Unicaja no es más que un alto en un camino que posiblemente tendrá que implicar a bastantes entidades  de las existentes, ya que su trayecto en solitario se presenta bastante difícil.