Las Bolsas y el conflicto comercial

En los pocos días del mes de mayo en los que la Bolsa ha marcado valoraciones se ha esfumado la mitad de las ganancias que los inversores habían cosechado en la primera parte del año, en especial hasta finales de abril, cuando el Ibex 35  alcanzó una ganancia de  algo más del 12%. El golpe  bajista de casi un 5%  de estos primeros días del mes en curso se le puede atribuir casi en exclusiva a la desbandada de muchos inversores que han colocado su dinero lejos de la Bolsa ante la amenaza de un empeoramiento radical de la guerra comercial  que el presidente  estadounidense Donald Trump mantiene con China.

Las previsiones que vienen manejando los expertos de la Bolsa en las dos últimas semanas apuntan, como es lógico, hacia un periodo de alta inestabilidad en las cotizaciones bursátiles, pero no existe un grado  elevado de unanimidad en lo que se refiere a la valoración real de los riesgos de un conflicto comercial. Hay una cierta apariencia de  esgrima en el posicionamiento del líder estadounidense, mientras  el alcance de las medidas reales está todavía por ver, lo que significa que  los riesgos  están siendo algo exacerbados. Ello no impide que se estén produciendo realmente  movimientos de dinero hacia posiciones menos arriesgadas,  aunque ese dinero puede volver de la misma forma en la que ha salido en las semanas siguientes.

Lo que puede resultar algo más complicado para las Bolsas en los próximos meses es una acumulación de riesgos, ya que las amenazas de más sanciones por parte de Estados Unidos a Irán  y el riesgo de un conflicto armado en Oriente Medio abren la puerta a un importante deterioro en el mercado petrolero internacional. Estados Unidos tiene cada vez menos temor a una situación de desabastecimiento de crudo y a un aumento fuerte de los precios, ya que  los avances de su industria petrolera han sido espectaculares en estos últimos años en este país.

El agravamiento de las relaciones con Irán y el frenazo a sus exportaciones petroleras, que en los últimos años han  pasado a representar un papel bastante secundario en los mercados mundiales, podría causar  sin embargo importantes perjuicios a Europa y a China, ambos bastante dependientes de los abastecimientos iraníes de la misma forma que Irán depende de ambos clientes para mantener un incierto equilibrio comercial y un abastecimiento razonable de su economía.

Por lo tanto, las posibilidades de un deterioro económico mundial a causa de estos dos conflictos atizados por Estados Unidos son ciertas. Otra cosa es que el presidente estadounidense esté dispuesto a afrontar este doble enfrentamiento debido al riesgo que pueda implicar para la economía estadounidense. Sobre todo  la  confrontación con China, ya que este país  es un importante cliente estadounidense, lo que no impide que el desequilibrio comercial entre ambas partes haya supera de largo los 400.000 millones de dólares, cifra realmente  necesitada de un profundo análisis por ambas partes y que refleja por sí sola la complejidad de las conversaciones que vienen manteniendo los dos Gobiernos desde hace dos años. Algunos de los renglones de los intercambios entre ambos países tienen importancia estratégica, como el comercio de la soja, muy importante para los Estados conservadores del centro de Estados Unidos, que tienen un indudable  peso político  de cara a la próxima confrontación presidencial en Estados Unidos.

El desenlace de este conflicto es, por lo tanto, difícil de esperar a corto plazo y no es descartable que los vaivenes de las relaciones económicas entre ambas partes mantengan una alta tensión  en las expectativas de los mercados financieros y bursátiles.