Las ilusiones de los nuevos impuestos

JXB47 MADRID 05 06 2018 - Fotografia de archivo del 11 02 2011 de Nadia Calvino alta funcionaria de la Comision Europea que sera la nueva ministra de Economia en el Gobierno de Pedro Sanchez EFE Archivo Jonathan Brady |

Las previsiones del Gobierno en materia de déficit  público siempre afrontan altos grados de incredulidad. La idea de que las cuentas públicas van a estar en equilibrio en el año 2022, tal y como ha avanzado el Gobierno, acaba de ser puesta en solfa por la Airef, la autoridad fiscal que se ocupa del seguimiento de las cuentas públicas. Pero esta valoración está ya bastante extendida y la comparten otros analistas e instituciones. Naturalmente el Gobierno se suele alinear en  el lado más optimista de la banda de previsiones y esta vez no iba a ser para menos.

Para alcanzar ese objetivo, el Estado tendrá que avanzar en la corrección  de este desequilibrio. Es un asunto que requiere una relativa urgencia, ya que los tipos de interés están en mínimos históricos, pero dejarán de estarlo en los próximos meses, quizás a partir del año que viene. Y con tipos de interés más elevados que los actuales, la economía española tiene un grave problema de vulnerabilidad debido al alto nivel de la Deuda Pública, que  puede acabar este año con un ligero recorte, hasta  representar algo más del 96% del PIB. Es un peso enorme, que cuesta mucho dinero mantener cada año,  detrayendo unos recursos (pago de intereses) que le vendrían muy bien al país para otros cometidos de índole económica y social, como inversiones y  pago de pensiones.

La corrección que se propone llevar a cabo el Gobierno en estos dos próximos años no parece que vaya a resultar suficiente y así lo han puesto de relieve durante  estos últimos días tanto la Comisión Europea como la Airef española. La Comisión ha estimado que el déficit público español no bajará este año del 2,3% del PIB en contraposición con la previsión gubernamental del 2,0% del PIB. La diferencia es importante y costará un dineral. Para el año 2020, la divergencia entre la estimación de déficit que  defiende Bruselas  y la que se ha propuesto el Gobierno es todavía bastante superior, ya que el 2,0% que manejan en Bruselas supera con m mucho el 1,1% del PIB que  ha comprometido el Gobierno español.

Las razones de este diferencial tan elevado radican posiblemente en las optimistas previsiones de ingresos fiscales que ha elaborado el Gobierno y que no cuentan con el suficiente respaldo entre  los expertos. Las previsiones de aumento del IRPF, sobre todo para las rentas altas, por encima de los 140.000 euros anuales, están evaluadas con un alto grado de optimismo, lo mismo que los ingresos por Impuesto de Sociedades para las grandes empresas, además de la conocida como tasa Google o  el impuesto a las transacciones financieras.

Con el dinero procedente de estos recargos o de nuevos tributos, el Gobierno espera  lograr entre este año y el que viene unos ingresos adicionales  muy considerables que le permitan no solo  compensar los gastos  ya comprometidos en la dinámica del gasto de años anteriores sino financiar los gastos adicionales que han sido implementados en los últimos meses, sobre todo en las semanas  de cierre del mandato de Sánchez, cuando ya se  sabían las fechas electorales y  el Gobierno se lanzó a una vorágine de gastos que de momento nadie sabe cómo se van a financiar.