Bancos todavía con riesgos pendientes

Los costes pendientes de la crisis inmobiliaria están lejos de clarificarse y, en todo caso, bastante lejos de desaparecer de los riesgos potenciales de los balances. La incertidumbre que pesa sobre el sector, a pesar de lo mucho que se ha resuelto, se mantiene como una auténtica losa.

El Banco de España acaba de alertar sobre los costes que en el futuro más o menos lejano tendrán que afrontar las entidades financieras para resarcir, en su caso, a la clientela, sobre todo en los pleitos relacionados con las financiaciones hipotecarias. Hay todavía algunas normativas pendientes de resolución por parte de las autoridades europeas, de forma que el contencioso de la banca con sus clientes de la época dorada del boom inmobiliario tiene pinta de ir para largo y por ello planeta un serio problema no solo de imagen sino de solvencia para las entidades más afectadas por la maraña de casos judiciales.

A buen seguro que una parte importante de los procesos pendientes o en fase de desarrollo se va a sustanciar con resultados adversos para los bancos. Es la impresión existente en medios financieros y judiciales, en donde pocos se atreverían a cuantificar el quebranto. A buen seguro estaríamos hablando de unos cuantos miles de millones de euros, repartidos de forma desigual entre las entidades financieras, ya que las políticas desarrolladas por unos y otros estaban dotadas de diferente grado de osadía y agresividad. Son muchos los activos inmobiliarios que en estos años recientes han pasado de las manos de los bancos a las de otras entidades, traspasos en los que se han materializado buena parte de las pérdidas que estaban incurridas en esas operaciones.

Pero los activos inmobiliarios aún pendientes de resolución judicial representan, de acuerdo con algunas estimaciones conservadoras, casi el 25% de la financiación comprometida por el conjunto del sector con la clientela en los años de la expansión inmobiliaria. Esta estimación lleva implícitas dos conclusiones. La primera es que el grueso del problema ha sido ya amortizado y ha contribuido a mermar las cuentas de resultados del sector en estos últimos cinco o seis años.

Queda una segunda cuestión, la del coste aún pendiente de cara a los próximos ejercicios. En algunas estimaciones realizadas por consultores privados, la peor de las hipótesis no sería suficiente para colocar al sector en posición comprometida aunque sí afectaría seriamente a la capacidad de cerrar con beneficios a dos entidades de tamaño medio. No se puede descartar que, en la peor de las hipótesis, si los contenciosos judiciales resultan mayoritariamente adversos, se lleguen a acelerar algunas fusiones bancarias, forzadas por las circunstancias.

En esa dirección están apuntando en las últimas semanas algunos de los pronunciamientos de las autoridades bancarias europeas e incluso españolas. El sector bancario tiene por delante tareas difíciles de afrontar relacionadas sobre todo con su modernización, pero la calidad de los balances y la litigiosidad relacionada con la crisis inmobiliaria aún no resuelta en su totalidad, pueden acelerar el proceso en los próximos meses.