La Bolsa, de espaldas a una recesión

Hoy lunes, las Bolsas europeas se toman un descanso y la española no abrirá sus puertas. Los inversores tienen a la postre un día más  para reflexionar sobre el quehacer de los mercados y qué decisiones adoptar sobre el manejo de su ahorro a la hora de invertir. El momento es difícil para el diagnóstico.

De entrada, la Bolsa se ha despedido estos días pasados en una situación bastante envidiable en cuanto a cotizaciones. El índice selectivo de la Bolsa española, el Ibex 35, se encuentra en máximos del año. Desde enero, el conjunto de las compañías cotizadas en el selecto grupo de las mayores empresas  tiene un valor superior al de inicio del año del 12%.

De las 35 empresas que forman parte de este índice selectivo español, apenas media docena  han perdido algo de su valor en lo que va de año, mientras 22 ganan más de dos dígitos y en algunos casos el rendimiento supera el 20% en lo que llevamos de año, es decir, casi cuatro meses. No se puede decir, por lo tanto, que este sea un mal año de Bolsa. Más bien al contrario, ya que con una tasa de inflación  ínfima, los inversores están ganando de media mucho más dinero del que se lleva la inflación.

Pero viendo las brillantes cifras del  negocio bursátil, en donde básicamente se cotizan las ganancias de las empresas que se mueven en el mercado de renta variable, cabe preguntarse si la Bolsa está realmente anticipando lo que puede suceder en los próximos meses, tanto en la economía mundial como en  la doméstica. Por cierto, el grado de autismo en el que se están moviendo los mercados de acciones en estas últimas semanas, ajenos a todo riesgo futuro, tiene bastante parecido con el que se denota en la campaña electoral española. Falta una semana para depositar el voto y no resulta exagerado señalar que los españoles viven bastante ajenos a los potenciales problemas económicos que podrían acecharnos a corto o medio plazo. Los políticos están haciendo todo lo posible por mantenernos al margen de toda inquietud y desde luego pasan por encima de todo aquello que pueda  implicar la adopción de medidas que susciten la más mínima preocupación o inquietud. Los pocos problemas que tenemos por delante, según cabe deducir, tienen fácil remedio.

Los diagnósticos  económicos que se difunden a menudo desde diferentes instituciones, nacionales y desde luego internacionales,  nos vienen anunciando la poca probabilidad de que sobrevenga una recesión económica. Pero sin descartar que la intensidad de algunos de los problemas que se vislumbran gane fuerza a medio plazo.

Leyendo e interpretando entre líneas, hay que valorar con cierta preocupación el hecho de que los dos grandes bancos centrales del mundo desarrollado, la Reserva Federal estadounidense  y el Banco Central Europeo, hayan orillado cualquier intento de retorno a la normalidad en lo que atañe a las políticas monetarias, que se mantienen en estado de excepcionalidad, es decir, con tipos de  interés anormalmente bajos, en una clara demostración de la delicadeza con la que hay que tratar a la economía en momentos de debilidad estructural como el que vivimos realmente desde hace una decena de años y que en cualquier momento puede resurgir con toda su intensidad.