Alemania, crisis o bache

Alemania ha sido consideraba habitualmente como la locomotora europea, como el impulsor de la actividad económica de Europa no solo por ser la mayor economía de la zona sino porque son muchas las iniciativas que tienen su origen en este país y que discurren luego por el resto del territorio europeo. Alemania es cabecera de multinacionales importantes y su capacidad de iniciativa, sobre todo en el sector industrial, es el epicentro de algunos sectores clave para el resto de la zona euro.

El anuncio de que esta economía va a crecer este año apenas un 0,5% ha dejado helado al mundo económico. La previsión de crecimiento anterior era del 1,0% tras haber recortado previsiones precedentes del 1,6%. La cuesta abajo es por lo tanto impresionante aunque cabe matizar que, a diferencia de lo que es habitual en este tipo de estimaciones de lo que pueda suceder en el futuro, los analistas ya anticipan que para el año 2020 habrá un repunte hasta el 1,5% de crecimiento del PIB. Lo sucedido entre el último trimestre del pasado año y los primeros meses del año 2019 no sería más que un bache, en el sentido cíclico de la figura.

La debilidad de la economía germana en estos meses tiene su principal punto de justificación en el inestable pulso del sector industrial y, de forma especial, en la industria del automóvil, en la que se está produciendo un importante cambio tecnológico e industrial que tiene su origen en la batalla medioambiental y en la masiva transformación de la producción de motores. Este cambio tecnológico e industrial ha tenido un impacto mayor del esperado y quizás está todavía en fase de aclimatación, lo que podría contribuir a alargar algo más de lo previsto el frenazo económico que se está constatando en estos momentos.

En todo caso, la paralización germana de estos meses ha tenido una elevada dosis de motivación exterior, ya que las exportaciones del país se han convertido en el eje de la preocupación y por supuesto de las menores cifras de actividad.

La razón por la que los expertos económicos alemanes tratan estos días de restarle importancia al frenazo del PIB es porque la demanda interior muestra una gran solidez, el nivel de empleo está en zona de máximos, el grado de inversión en segmentos de la economía de tanta importancia como las infraestructuras o la educación o la apuesta por las nuevas tecnologías se encuentran en un pujante desarrollo, todo lo cual apunta a un cambio de signo en los meses venideros.

La esperanza de un cambio de rumbo casi radical está bastante extendida. Falta por ver si los reveses internacionales que en los últimos meses han sacudido a las economías desarrolladas, con Alemania con principal damnificado, se van a cumplir o por el contrario van a seguir ejerciendo una influencia nociva. Entre estos factores que frenen el optimismo cabe mencionar el desarrollo del Brexit, que encierra potenciales riesgos para el conjunto de la economía europea, y la siempre imprevisible beligerancia internacional de presidente estadounidense, tanto en el plano de las relaciones comerciales como en el de las inversiones. El caso de Cuba puede ser en los próximos meses fuente de inestabilidad, en este caso con especial incidencia negativa en las empresas españolas.