La baja deuda familiar

La deuda familiar en España no hace más que disminuir, según las estadísticas oficiales que acaba de divulgar el Banco de España tras recopilar los datos del año 2018. El nivel de deuda lleva ocho años consecutivos de descenso, tras haber alcanzado máximos históricos en el año 2008. En valores absolutos, la deuda de las familias ha descendido hasta los 781.700 millones de euros, es decir, un 64,7% del PIB del año pasado. En el año 2010, la deuda estaba por encima de los 954.300 millones de euros. Es decir, un 88,3% del PIB. En cifras absolutas, el endeudamiento familiar ha descendido en unos 173.000 millones de euros y en relación con el PIB, el retroceso ha sido de casi 24 puntos del producto total de la economía.

El saneamiento de la economía española en estos años de recuperación del ritmo de actividad y del empleo ha sido aprovechado por las familias para reducir su pesada carga financiera, que en los años de euforia había llegado a límites temerarios debido a la elevada propensión de los ciudadanos a adquirir viviendas, tanto de primera ocupación como para usos vacacionales o en algunos casos con la finalidad de acumular patrimonio para garantizarse rentas futuras.

Esta concentración de la deuda familiar en los activos inmobiliarios ha ido en detrimento de otras asignaciones del ahorro. Por ejemplo, el dinero que tienen destinado los españoles a los fondos de pensiones, tanto internos como externos, rondaba a finales del pasado año los 114.000 millones de euros, una cifra que resulta llamativa tanto por su escasa dimensión como por su escaso crecimiento en los últimos años.

En el año 2010, los recursos destinados a fondos de pensiones superaban escasamente los 96.800 millones de euros. Es decir, en ocho años la acumulación de activos en planes de pensiones se ha incrementado en apenas 17.000 millones de euros, una cifra excesivamente moderada y que denota la clara intención de los españoles por encomendar las rentas futuras tras la jubilación bien el sector público (vía Seguridad Social) bien a otros activos como la posesión de vivienda o a activos financieros como la tenencia de fondos de inversión o incluso de acciones en Bolsa de forma directa.

La capacidad de endeudamiento de las familias españolas es, en todo caso, bastante alta en estos momentos, no solo cuando se consideran las cifras en sentido absoluto sino cuando se comparan con otras variables financieras. Desde el año 2013, las familias españolas tienen más dinero en efectivo y en depósitos que en deuda.

A finales del año pasado, el efectivo en caja superaba en unos 100.000 millones de euros al pasivo financiero en sus diversas modalidades. En el año 2008, por el contrario, las deudas superaban en unos 180.000 millones de euros el volumen de dinero disponible en efectivo y en depósitos. El cambio ha sido radical. Pero, sobre todo, permite sentar las bases para un crecimiento de la inversión y el consumo de las familias bastante más acelerado, que facilite un mayor crecimiento de la economía.