El difícil sueño de bancos europeos

No parece haber servido de mucho la intromisión del jefe del BCE, Mario Draghi, invitando a los bancos europeos en general a acelerar el proceso de fusiones. Realmente lo que ha venido a decir Draghi es que sobra capacidad bancaria en la zona euro y que es necesario recortar estructura en el sector. Sobran bancos y oficinas y oferta bancaria.

Este sobrante, en un entorno de tipos de interés muy bajos (es decir, con el coste de la materia prima por los suelos), se hace más evidente aun cuando se analizan las cifras de beneficios y se llega a la conclusión de lo difícil que les resulta a los bancos acumular capital y reforzar balances, como les requieren las autoridades de supervisión bancaria europeas, para evitar los efectos calamitosos que podría generar una nueva crisis bancaria como la que se desató hace diez años. Aquella crisis provocó fuertes ajustes del sector a escala nacional en algunos países. El esfuerzo que ahora se requiere para fortalecer el sector financiero equivale a una vuelta de tuerca cuando menos similar a la de los años pasados.

Por si todo ello fuera poco, la actividad bancaria se enfrenta ahora a un esfuerzo de inversión impresionante, para afrontar el desafío de la banca digital. La consolidación del sector bancario y las fusiones de bancos constituyen, por ello, una exigencia y un esfuerzo que debería desarrollarse en paralelo a las elevadas inversiones que se habrán de realizar para mejorar la capacidad tecnológica del sector.

En estas condiciones, a pocos bancos les salen los números para lanzarse a la aventura de comprar entidades no solo de su propio ámbito geográfico sino, como se pretende, de alcance supranacional. Hace pocos días hemos visto el paso adelante que ha adoptado el Santander para invertir una importante suma en México con objeto de reforzar su capacidad de generar beneficios en aquel interesante mercado. Esta decisión parece implicar otra decisión estratégica, la de dejar de momento a un lado cualquier operación bancaria en la zona euro, que es lo que están demandando las autoridades.

Pero saben bien los responsables de la regulación bancaria europea, empezando por el BCE, que poner de acuerdo en Europa a grandes bancos de países distintos es un enredo de difícil solución. Se está viendo en el caso de las operaciones apenas iniciadas entre bancos alemanes entre sí y entre estos y algún italiano. Las fusiones transnacionales pasan inequívocamente por un claro pronunciamiento de las autoridades económicas y financieras de cada país, dentro y fuera de sus propias fronteras.

Resulta difícil digerir y entender la compra de un banco alemán por otro italiano o viceversa, de la misma forma que no aparece claro el encaje de los grandes bancos franceses o incluso de los españoles en un gran mosaico que, hoy por hoy, resulta bastante difícil de comprender sin una decidida voluntad política de crear algunas estructuras financieras y bancarias de base auténticamente europea. Si en los últimos 50 años ninguna entidad bancaria ha podido crear esa red supranacional en Europa, no va a resultar más fácil edificarla ahora, con dificultades mucho mayores en nuestro entorno.