Indicadores económicos ante las urnas

Durante las dos semanas que restan para que los españoles depositemos el voto en las urnas pueden pasar bastantes cosas pero son pocos, particularmente en los medios económicos, los que predicen un cambio brusco en los resultados que ofrecen las encuestas. Hay un indicador, cuya validez suele darse por respetable, la prima de riesgo (es decir, la diferencia entre tipos de interés alemanes y españoles), que ha ido mejorando su trayectoria de forma  muy significativa.

Esta pasada semana ha terminado por debajo de los 100 puntos básicos, es decir, por debajo de un punto de interés, lo que significa que los inversores exigen a sus inversiones en España un punto de interés (o algo menos) por encima del que exigen a las inversiones en la economía alemana. Hay que tener en cuenta que en el  caso de algunos vecinos de la zona euro, los diferenciales son  claramente superiores. Frente a los 100 puntos básicos en el diferencial español con el bono alemán, el  italiano supera los 250 puntos básicos. Los tipos de interés a 10 años están en España últimamente en torno al 1% frente al 2,6% en Italia. La valoración económica y financiera de España no solo ha mejorado en los últimos meses, sin que el proceso electoral haya representado un deterioro, sino que por el contrario ha mejorado en relación con nuestros competidores y vecinos.

Hay ciertamente mucha incertidumbre sobre  cuál será la combinación de partidos que logrará la mayoría necesaria para la formación de un Gobierno más o menos estable. Pero  los pronósticos están excluyendo con toda claridad un  eventual triunfo de una mayoría radical.  También quedan pocos márgenes de oportunidad para una coalición  en la que el partido dominante se tenga que plegar a  exigencias de corte radical en el manejo de la economía.  El próximo Gobierno estará en la zona centro, lo que entraña menos riesgos de los que podrían  aparecer en un horizonte de inestabilidad.

Uno de los riesgos, claro está, es que se prolongue el desgobierno de los últimos meses, es decir, que no haya Presupuestos del Estado, desarmando con ello  cualquier posibilidad  de gestionar la economía de forma sensata y estable. En esta reciente etapa, de la que vamos a salir tras el 28-A,  el descontrol de las cuentas públicas ha coincidido con el arranque de la campaña electoral, lo que ha tenido un impacto nocivo sobre el gasto público, aunque menor del que se temía.

La llegada de un nuevo Gobierno debería poner algo de orden en el manejo del dinero público, lo que  será un indudable avance de cara a la  imagen del país tanto de puertas afuera como en el interior y a la todavía pendiente corrección de algunos de los desequilibrios económicos. En este último punto, la corrección de la tasa de paro y la reducción del endeudamiento externo son los dos puntos de mayor exigencia.

España tendrá que gestionar la economía dentro de los parámetros de la zona euro, es decir, apremiando la rebaja del déficit público preferentemente por medio de una  más exigente contención del gasto. Si  los mercados y los inversores perciben que esta será la   hoja de ruta del Gobierno que salga de estas próximas elecciones, la economía española no debería tener mayores problemas para seguir liderando el crecimiento entre las grandes economías de la zona euro. Esta es la percepción dominante en estos momentos de acercamiento a la fecha electoral.

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