El BCE devuelve la pelota a los bancos

Los banqueros europeos esperaban algo más de la reunión que el Banco Central Europeo (BCE) había fijado para este miércoles, sobre todo tras haber lanzado algunas sugerentes expectativas hace unas pocas semanas sobre la posibilidad de instrumentar nuevos mecanismos destinados a mejorar los márgenes bancarios. Todo parece indicar que la entidad hará oídos sordos de momento a las aspiraciones del sector bancario, dejando en manos de este las vías para una mejora de los márgenes por medio de una acelerada y fuerte consolidación del sector, antes que intervenir sobre los tipos de interés.

El alargamiento de la fase de tipos de interés negativos y la necesidad de que la política monetaria siga apoyando el devenir de una economía más debilitada son dos factores que están jugando en contra del equilibrio financiero del sector. A ello, además, se une el reforzamiento de las medidas que están impulsando las autoridades financieras para que los bancos refuercen sus balances y sus capitales propios con objeto de reducir los riesgos de una nueva crisis financiera.

Pero la reunión de la cúpula directiva del BCE no ha desembocado de momento en anuncios estimulantes para el sector financiero, que observa con preocupación cómo el paso del tiempo está erosionando las expectativas de mejora del beneficio. Con tipos a ras de suelo, las ganancias del sector están lejos de sus mejores tiempos.

La única solución es actuar sobre la estructura de gastos de las entidades y, a la postre, activar los mecanismos de consolidación del sector, es decir, avanzar en las fusiones bancarias. Esa es la receta que ha lanzado de forma explícita el máximo responsable del BCE, Mario Draghi, al insistir en los excesos de capacidad que presenta el sector bancario europeo en estos momentos. No tanto porque haya demasiados bancos y con los escuálidos márgenes que en la actualidad dominan la escena, sino porque además se está produciendo una revolución, por momentos acelerada, de cambio en los procedimientos de funcionamiento de los bancos.

La explicación de esto último tiene su epicentro en la tecnología y en los cambios de las costumbres que vive el sector en los últimos meses e incluso años. Hay una creciente presencia de nuevos métodos de quehacer en las relaciones entre los bancos y la clientela, no solo a la hora de mover el dinero efectivo sino en cuestiones de importancia tan capital como la gestión de la financiación bancaria o el papel que juega la tarea de asesoramiento financiero a los clientes. Además están apareciendo nuevos competidores en el sector con modos de quehacer muy diferentes a los de la banca tradicional.

A los bancos les sobran en estos momentos recursos en grandes cantidades, a pesar del adelgazamiento que han experimentado las entidades financieras en personal y en oficinas en el pasado reciente. La presencia física de la operativa bancaria se ha reducido y parece en condiciones de verse recortada aún más en el inmediato futuro. La fusión de bancos, no solo dentro del ámbito nacional sino incluso, y de forma creciente, en escenarios plurinacionales, está ahora mismo en vísperas de experimentar un nuevo e importante estirón. El BCE puede adoptar alguna medida para facilitar flujos de capital a los bancos, pero la vía más rápida y eficiente para que el sector recupere los niveles de beneficio reside en ajustar sus medios a la nueva realidad que demanda la economía. Esa es la receta que el BCE está recomendando a los bancos europeos en estos momentos de cambio estructural del sector, con vistas a una aceleración de las fusiones bancarias.