Las elecciones y las previsiones económicas

Las primeras revisiones del crecimiento económico español para el año en curso han asomado coincidiendo con el inicio de la campaña para las elecciones generales de finales de este mes. Lo menos que puede decirse de la campaña es que se está encrespando y experimentando subidas de tono en las declaraciones de algunos de sus líderes más representativos.

Tiene cierta lógica que la dureza de la campaña adquiera cierto paralelismo con la incertidumbre de los resultados electorales. A mayor dispersión del voto, más proliferan los adjetivos y las descalificaciones entre los candidatos. Los márgenes que ofrecen las encuestas para los cinco grandes contendientes de ámbito nacional dejan en condiciones muy inciertas el resultado final, una vez que hemos visto la dificultad de que se produzca una mayoría absoluta de dos partidos y mucho menos de uno solo. De qué lado se va a inclinar la balanza que permita una gobernabilidad razonable es toda una incógnita.

Y esta incertidumbre tiene lógicamente su traslación a las previsiones económicas. La economía gana puntos con un país estable en la gobernación, de la misma forma que un programa de Gobierno pensado para la estabilidad tiene más posibilidades de garantizar un crecimiento saneado que otro que se deslice por senderos de perfil radical. En estos momentos, el mundo económico, los inversores, los empresarios y la gente que tiene poder de decisión en el mundo de la economía, vive una situación de bastante incertidumbre.

Todavía no se ha notado en las cifras que reflejan la realidad económica, pero las primeras previsiones apuntan hacia la baja. Uno de los servicios de estudios más solventes del país, el del BBVA, acaba de lanzar un primer pronunciamiento en este sentido, rebajando en dos décimas la previsión de crecimiento de la economía española en el año 2019, lo que nos llevaría a un 2,2% de aumento del PIB, pronóstico que no está muy alejado de las previsiones macroeconómicas que elaboró hace pocas semanas el propio Gobierno saliente.

Con este 2,2% de crecimiento, España seguiría en el pelotón de cabeza de la Unión Europea en cuanto a tasa de mejora de la actividad económica. Pero es una tasa modesta, que no resulta favorable para afrontar la corrección de nuestro mayor problema económico, que sigue centrado en la elevada tasa de paro. Los dirigentes políticos no han sido muy explícitos a la hora de ofrecer recetas económicas para sus programas de Gobierno, pero lo poco que han dicho ha sido escasamente gratificante para los agentes económicos.

Las previsiones de aumento de la presión fiscal que manejan algunas formaciones políticas ponen los pelos de punta a muchos analistas y expertos, cuya preocupación esencial reside en mejorar la productividad del país y los incentivos al aumento de la ocupación y la inversión, objetivos que malamente se van a alcanzar con algunas de las proclamas que ofrecen algunos partidos que concurren a estas elecciones. En todo caso, los agentes económicos vivirán estas próximas semanas pendientes del desenlace no solo de las elecciones sino de los procesos de alianza que salgan de los resultados que ofrezcan las urnas. El resultado será muy determinante para el futuro económico inmediato del país.