El BCE maneja varios plazos

Quizás la incógnita más desconcertante de cuantas existen en estos momentos en la economía es la de saber en qué momento el Banco Central Europeo (BCE) va a tomar la decisión de subir los tipos de interés. El desconcierto procede del hecho de que el momento de cambio de rumbo en la política monetaria europea ha sido cambiado en varias ocasiones y la última vez en la que se volvió a hablar del asunto con cierta autoridad fue en la reciente reunión de la entidad, cuyo Consejo de Gobierno debatió largo y tendido sobre el tema el pasado 7 de marzo, sin que se llegara a ninguna decisión concluyente.

Se suponía hasta hace poco que el relevo al frente del BCE, con la marcha de Mario Draghi este otoño, podría ser el momento adecuado para situar el fin de una etapa y el inicio de otra nueva, pero este asunto no encaja bien con las responsabilidades reales del BCE, que debe estar más preocupado en la toma de sus decisiones por el estado real de la economía que por las efemérides o los cambios de sillones al frente de la entidad.

Esta falta de seguridad de los sabios del BCE tiene lógicamente preocupados y perplejos a los analistas y a los banqueros y en general a todos aquellos agentes económicos que necesitan conocer con un mínimo de anticipación por dónde van a ir las cosas. Las últimas especulaciones apuntaban hacia esta primavera, tesis ya descartada dedo al bajo perfil de la economía que ha obligado a replantear la necesidad de sostener los apoyos a la actividad económica. Luego se dijo que en otoño sería el momento adecuado.

La intensidad del frenazo económico actual parece ser de envergadura superior al que se temía, razón por la cual el momento de empezar a subir los tipos de interés ha sido pospuesto hasta finales del año 2019. Más recientemente se habla de mayo del año 2020. Y lo hablado en la reciente reunión del Consejo del BCE apunta a que a finales del año en curso se podría valorar la situación para tomar entonces una decisión y fijar el momento definitivo del cambio de rumbo, lo que parece apuntar a que no habrá subidas de tipos de interés hasta dentro de un año.

Esta demora y el hecho de que no haya acuerdo sobre la intensidad del frenazo de la economía y mucho menos sobre su duración no sólo tiene desconcertados a los agentes económicos sino que ha empezado a generar cierta zozobra en los cuarteles generales de las grandes organizaciones bancarias.

Cuanto más tiempo se prolongue la política monetaria de bajos tipos de interés, más tiempo van a tardar los bancos en ver cómo se recuperan sus balances y vuelven a la senda de los beneficios, lo que en paralelo choca con las exigencias de las autoridades financieras para que los bancos fortalezcan sus balances y sean más fuertes a fin de afrontar con mejores garantías una nueva crisis económica, como la que se desató hace diez años. A la postre, el momento de cambiar el paso en la conducción de la política monetaria está ahora mismo supeditado a bastantes más variables de las previstas. El estado de la economía y la salud de los balances bancarios son dos condicionantes de importancia mayor, que además están estrechamente entrelazados entre sí. Todo ello complica el momento apropiado para aplicar el cambio de rumbo.