Fusiones bancarias en el horizonte

En las últimas semanas se han activado algunas señales de advertencia en relación con la situación de los bancos europeos. También de los españoles. El propio presidente del Banco Central Europeo (BCE) ha confesado que la entidad se encuentra en fase de estudio y preparación de medidas de apoyo a la liquidez. Y ahora mismo el sector se encuentra en una especie de compás de espera durante el cual no se descartan movimientos internos de cierta envergadura.

La cuestión es que el sector financiero no ha terminado de digerir por completo los quebrantos de la larga crisis económica y financiera de estos últimos años y, además, estamos entrando en una nueva fase económica de menor dinamismo (la palabra recesión no está de momento en el diccionario de las previsiones), fase durante la cual los bancos centrales han extremado al máximo las estrategias de apoyo a la liquidez para tratar de levantar el ánimo económico. Esta fase se ha traducido en un periodo de tipos de interés muy bajos, incluso negativos en algunos tramos de la actividad financiera, lo que ha recortado los márgenes de beneficio y dificultado el proceso de acumulación de capital.

La primera parte del problema, la existencia de importantes volúmenes de activos dudosos pendientes de amortización y saneamiento, es particularmente importante en España. Los bancos tienen todavía balances cargados de créditos de difícil recuperación y de propiedades adjudicadas de difícil liquidación. Lo acaba de recordar estos días el Banco de España, en uno de sus análisis periódicos sobre la situación del sector bancario español. Y lo malo de este elevado volumen de activos enfermos es que parece estar llegando una etapa de menor crecimiento económico durante el cual la liquidación de estos activos va a ser menos llevadera.

Con estos mimbres, las autoridades económicas y financieras empiezan a mandar mensajes cada vez más insistentes destinados a estimular los procesos de acercamiento entre entidades, tanto dentro del territorio nacional como entre bancos de países distintos, es decir, fusiones de ámbito transnacional. Tarde o temprano, con el avance de la futura Unión Bancaria que se prevé para la zona euro en los próximos años, los bancos tendrán que afrontar un escenario cada vez más competitivo, en el que el grado de eficiencia va a resultar clave para sobrevivir.

La búsqueda de esta eficiencia tropieza en estos momentos con los estrechos márgenes de beneficio del sector. Pero, en paralelo, los procesos de fusión y concentración bancaria son una oportunidad para reducir costes y para compensar la estrechez de los márgenes del negocio. En torno a estas posibilidades, la “número dos” del Banco de España, Margarita Delgado, acaba de realizar unas interesantes reflexiones en un documento de la propia entidad, en el que apoya un horizonte der fusiones bancarias, no solamente en el ámbito nacional sino en un territorio comunitario. No resulta descartable la aparición de fusiones bancarias entre alguno de los bancos españoles y alguno de sus colegas de la zona euro, quizás alemanes, quizás franceses, a lo mejor italianos, con los que ya hubo conversaciones hace unos años, aunque resultaron poco fructíferas debido a los obstáculos que desgranaron tanto las autoridades italianas como algunos de los principales accionistas de bancos de primera fila de este país. Este tipo de operaciones no van a tardar en aparecer en escena.