Déficit todavía para largo

Hace once años que España no logra cerrar las cuentas públicas con superávit. La última vez fue en el año 2007.  Desde entonces, el déficit ha sido el compañero de viaje de nuestras finanzas públicas, incluido el año 2018, cuyo avance  acaba de llegar de la mano de las estimaciones de la Contabilidad Nacional del  Instituto Nacional de Estadística (INE).

La noticia llega, sin embargo, cargada de algo de optimismo, ya que el  déficit  público  se ha situado por debajo del 3% del PIB por primera vez desde el año mencionado. O sea, seguimos, en el conjunto del sector público,  gastando más de lo que ingresamos, pero la cuantía relativa del déficit ha sido inferior al 3% del PIB, ese tope que se considera, con los criterios europeos bautizados en Maastricht en el año 1992,  el deseable para que  las economías del euro funcionen con cierta eficiencia en etapas en las que el superávit es dificultoso por motivos cíclicos.  Claro que los criterios se complementan con otra cifra también elevada a los altares de la ortodoxia económica en estos últimos años, la del nivel de endeudamiento público, que no debe superar el 60% del PIB.

Se puede decir, en suma, que la economía española ha mejorado bastante en relación con estos parámetros aunque estemos todavía lejos de la ortodoxia y sin  horizontes claros de volver al redil de los mejores en lo tocante a equilibrios básicos, esos que permiten la creación de empleo, el crecimiento armónico  de la economía  y la estabilidad necesaria para capear los malos momentos. Y en este sentido, la economía española se encuentra todavía bastante lejos de la virtud.

La rebaja del déficit público durante el pasado año por debajo del 3% del PIB permitirá a España  abandonar ese club de socios europeos menos fiables, lo que tiene cierta importancia a la hora de obtener financiación en los circuitos internacionales y para que la calificación que nos otorgan las agencias internacionales de valoración se encuentra en la zona media o media alta de la clasificación.

Hay que  reconocer que el avance  logrado el pasado año en el manejo de las cuentas públicas se ha obtenido casi exclusivamente en base a un aumento de los ingresos,  con escasa aportación del gasto, ya que este último aumentó pero a menor ritmo que el registrado por los ingresos. El esfuerzo del país para aproximar ese equilibrio que no se prevé cercano  es encomiable, pero habrá de prorrogarse en los próximos años para que el  recorte del endeudamiento público, que ronda el 100% del PIB,  se acerque primero al 60% del PIB ya mencionado (es decir, 40 puntos de recorte en el déficit, tarea realmente considerable y que en el mejor de los casos exigiría varios años de duros esfuerzos), para aspirar a una situación financiera más saludable. Esta última es necesaria para que los circuitos de financiación funcionen de forma satisfactoria y, con ellos, la fluidez de la inversión en general y de la  extranjera en particular, uno de los pilares sobre los que se asientan las expectativas de crecimiento económico a medio y largo plazo a ritmos más elevados que los actuales y en cualquier caso superiores a los de nuestros competidores.