Por qué los bonos alemanes se vuelven negativos

En los últimos días se han producido algunos movimientos insólitos en los mercados financieros y de capitales: la caída hasta niveles negativos de la rentabilidad del bono alemán a 10 años (el título más genuino y representativo para los inversores que circula por los mercados) y la aparición de la denominada “curva invertida” en el mercado de renta fija, es decir, aquella situación en la que los tipos a corto plazo ofrecen más rentabilidad que los de largo plazo, cuando lo habitual es lo contrario. Hay una auténtica fiebre compradora en los mercados de renta fija, según reflejan las cifras de flujos de capitales en las últimas semanas.

Estos movimientos traducen el miedo de los inversores hacia el futuro de la economía mundial y en particular de la europea, razón por la que buscan refugio en los activos que se consideran más fiables. Europa ya ha revisado a la baja las previsiones de crecimiento y Estados Unidos no ha logrado en el último trimestre del año superar las tasas de crecimiento del tercer trimestre y mucho menos del segundo.

Con un 2,6% de aumento del PIB en el último trimestre del año, conocido este jueves, la economía estadounidense rebaja de forma considerables las tasas de aumento de los dos trimestres precedentes, del 3,4% en el tercero trimestre y del 4,2% en el segundo. Con todo, la economía mayor del mundo ha hecho balance anual en el ejercicio de 2018 con una tasa del 2,9% frente al 2,2% en el año 2017. La valoración es, por lo tanto, de tipo mixto: buen año, pero los pasos van en la dirección no deseada a medida que avanza el tiempo. ¿Se dejará arrastrar la economía estadounidense a una etapa de menor crecimiento en el inmediato futuro?

Eso es lo que parecen temer los mercados y de ahí los movimientos que se están operando en los tipos de interés. Muy oportunamente, la Reserva Federal estadounidense anunció hace apenas unos días que ya no habría más subidas de tipos este año, tras una escalada excepcional en los dos últimos ejercicios. Ahora toca reposar. Incluso en los últimos días han aparecido algunas especulaciones sobre la posibilidad, hasta hace poco bastante remota, de que el banco central americano adoptase una bajada de tipos dentro de este mismo año, algo insólito si se echa un poco la vista atrás. Ahora, más que preocupación por el crecimiento, empieza a percibirse una sensación de sospecha, de que las cosas van a ir a peor, de que la economía estadounidense puede verse arrastrada por la cuesta abajo. Los movimientos de tipos y la aparición de la famosa “curva invertida” (tipos largos más bajos que los cortos) van en esa dirección.

Este escenario se parece bastante al que se está consolidando en Europa desde hace meses. En el corto plazo, la sacudida económica que puede ocasionar el desbarajuste del Brexit es posiblemente el mayor riesgo al que se enfrenta la zona y la difusión de esta reyerta a escala internacional, que puede ser considerable, es lo que está acelerando los temores generalizados. De momento, los tipos negativos parece que van a seguir entre nosotros más tiempo del previsto.