Industrias que hacen las maletas

La inestabilidad política y el clima de provisionalidad junto a la ausencia de toma de decisiones que  vivimos en los últimos meses, con riesgo de prolongación para lo que resta de año, puede tener un coste elevado para el desempeño de la economía española. Las decisiones, no solo las de índole pública sino también las privadas, sean domésticas o de agentes foráneos, se demoran. Y el país sufre inevitablemente un cierto deterioro, que en algunos sectores se está empezando a notar más aún de lo que se esperaba.

La situación es particularmente preocupante en el sector industrial. Una de las consecuencias negativas colaterales que se observan en entornos políticamente inestables como el actual es la ausencia de interlocutores. Y en este ambiente, algunas empresas, en especial las multinacionales, que son las que cuentan con mayores opciones de elección, sobre todo geográfica, optan por acelerar algunas decisiones. Lo estamos viendo en algunos cierres de plantas industriales que se han ido anunciando en los últimos meses en el país y que han adquirido en casi todos los casos carácter irreversible.  No hay capacidad de respuesta por parte de un Gobierno que muestra una gran inestabilidad desde hace ya bastantes meses. El ambiente de cara al inmediato futuro no es precisamente mejor.

En los seis últimos meses, más de una docena de grandes empresas han hecho sus maletas en España para instalar sus planetas, con motivaciones diversas, en otras localizaciones, lejos de nuestro territorio. El impacto de estas fugas es importante ya que España pierde esa imagen de destino atractivo para las inversiones extranjeras que tanto ha beneficiado a la economía española en el pasado, con la creación de muchos miles de puestos de trabajo. Es necesario subrayar el carácter de empleo estable que aportan las empresas industriales de ámbito multinacional.

De hecho, la elección de España como destino preferente genera un efecto multiplicador que incrementa nuestra virtud como territorio favorable para otras muchas empresas. En sentido contrario, la deserción que estamos viendo en los últimos meses está generando decisiones negativas en otras empresas.

Detrás de cada cierre empresarial hay un sinfín de motivaciones y desde luego no cabe afirmar que la mayoría son comunes y mucho menos de índole política. Pero en los últimos tiempos, el sector industrial está aquejado de una pérdida generalizada de  capacidad competitiva debido a un factor bastante extendido. Se trata de los costes de la electricidad, que en algunas industrias juegan un papel muy importante por su peso en  el conjunto de los costes de fabricación.

Lo cierto es que el coste de la electricidad en España supera al de otros muchos países europeos competidores, en porcentajes que superan el 20% y hasta el 30%. Este diferencial de costes tendría que ser objeto de un análisis detallado por parte de las autoridades españolas y en último término tendría que ser objeto de una política energética más comprometida con la competitividad, vista en términos globales. Los diferenciales de costes de producción eléctrica no siempre se justifican con razones económicas cuando se comparan entre países, ya que la estructura de abastecimiento de materias primas suele ser más homogénea de lo que permiten deducir los costes finales de venta al sector industrial. Este análisis debería ser objeto de una atención  preferente para el Gobierno que salga de las nuevas elecciones. Es un tema en el que España no debería perder ni un minuto.