Baño de incredulidad presupuestaria

El Banco de España se ha unido al grupo de los escépticos sobre la sensatez, o mejor dicho sobre la ortodoxia, de las cuentas públicas dibujadas por el actual Gobierno para el año 2019. Es bastante incierto el rumbo que puedan seguir los Presupuestos de este año, lo que redundará en su descuadre, pero de entrada las discrepancias entre las cifras presentadas por el Gobierno y las estimaciones de los diversos organismos públicos y privados que han estudiado las tripas del documento son unánimes.

Pocas veces un proyecto de Presupuesto público habrá suscitado tanta crítica. Y eso afecta a la credibilidad de la conducción de la economía, lo que a la postre puede ocasionar importantes desperfectos a la capacidad de inversión y al crecimiento del país. El epicentro de la discrepancia se observa en la doble impostura que reside por un lado en un aumento desconsiderado de los tipos, ajustados al alza para justificar unos ingresos que den satisfacción a objetivos políticos de clara intencionalidad electoral, y por el otro en la cuantificación claramente exagerada de los ingresos que se pueden obtener de ese cuadro fiscal.

El desfile de altos cargos por la comisión presupuestaria del Congreso va a ser un auténtico calvario para los autores del Presupuesto, que van a verse sometidos a un juicio bastante severo pero de antemano fácil de pronosticar, ya que los fallos técnicos en la elaboración de las cuentas públicas son superiores a lo que cabría esperar. Este desfile de altos responsables empezó este lunes con el del Gobernador del Banco de España, que ha realizado una crítica bastante demoledora del documento público, todo ello sin perder las formas. De haberlas perdido, el análisis presupuestario del máximo responsable del banco público habría sido posiblemente mucho más severo.

Las cifras que circulan son altamente dispares, tanto que frente a previsiones de aumento de los ingresos de entre el 8% y el 9% sobre el año anterior (incluida o no, según los casos, la pequeña trampa de añadir un mes adicional al cómputo de los ingresos por IVA), las estimaciones de aumento de la recaudación más ajustadas salidas de los analistas del regulador apenas superan el 5%, en todo caso inferiores al 6%.

Este menor aumento de los ingresos fiscales se debe no solo a que los tributos tradicionales no van a ser capaces de sustentar el optimismo recaudatorio oficial sino que las nuevas figuras tributarias ideadas para reforzar la apariencia de los ingresos tampoco parecen en condiciones (siempre según los expertos) de aportar ese dinero que Hacienda considera de probable recaudación.

La derivada de este deficiente o cuando menos discutible cálculo de los ingresos previstos para el año 2019 conduce a debilitar los compromisos políticos del Gobierno, por un lado, y a saltar por los aires el objetivo de moderación del déficit público, asunto que tendrá trascendencia de cara a los mercados pero, sobre todo, de cara a las relaciones con la Comisión Europea, que ya ha mostrado sus primeros desacuerdos con las cifras que le han ido llegando. Estos desacuerdos iniciales pueden ir a mayores si en la práctica se confirma la falta de rigor, quizás intencionado en algunas de sus vertientes, del Presupuesto público. En los próximos días oiremos nuevos testimonios de los expertos, que posiblemente vayan en la misma dirección. De momento, el diagnóstico del Banco de España ha sido demoledor por lo negativo.