La credibilidad del déficit español

La credibilidad de los Presupuestos sigue generando decepciones. La lista de expertos y analistas que ponen en duda la posibilidad de que se cumplan algunas de cifras básicas, algunos de los compromisos ineludibles que acompañan a todo Presupuesto público, es cada vez más amplia. En los últimos días la agencia S&P ha insistido en la previsión de los ingresos fiscales, que considera excesivamente optimista. La Fundación Funcas, uno de los organismos de análisis económicos más fiables y de mayor prestigio del país, acaba de pronunciarse en una línea similar.

Que las cifras de ingresos previstos no lleguen a ajustarse a la realidad tiene su importancia. Quiere decir simplemente que el Gobierno no va a disponer del dinero que piensa gastar. Lo que suele ser fijo es lo que se gasta. Lo que se ingresa, en el caso de un Presupuesto público, depende de muchos imponderables. En este caso, parece que el establecimiento de previsiones de ingresos está sobrevalorado. Había que justificar gastos, incluso inversiones. Y las cifras normales no daban para tanto. No resulta extraño, por todo ello, que frente a estimaciones del Gobierno de aumento de la recaudación del 7,8%, algunos expertos (Funcas, en concreto) consideran que el aumento más realista de la recaudación se situará en torno al 4,7%, lo que descabala de forma apreciable el esquema presupuestario que ha presentado el Gobierno y con el que se juega su credibilidad ante los agentes económicos.

La economía tiene unas ciertas reglas que se cumplen generalmente con aceptable aproximación. Los ingresos fiscales de este ejercicio anual se verán en cualquier caso impulsados por la subida de algunos impuestos y tasas. Pero algunos de ellos tienen un cierto grado de volatilidad porque dependen de los sujetos tributarios, individuales o empresariales, que pueden modificar sus conductas para reducir su carga fiscal, a veces incluso sin incurrir en ninguna clase de anomalía. Otras veces, por desgracia, incumpliendo la ética que debe presidir la actuación tributaria y fiscal de los sujetos económicos.

Si los ingresos se han inflado de forma excesiva, poco rigurosa o incluso inapropiada, la consecuencia es bien sabida: habrá más déficit, ya que los gastos se llevan siempre a cabo, ya que responden a promesas políticas, electorales en ocasiones, que fijan la fidelidad de los votantes.

El déficit ha entrado, por lo tanto, en una posición de falta de credibilidad. Se han barajado diversas hipótesis. La del 1,3% del PIB que defiende el Gobierno y que es, por así decirlo, la previsión oficial. Está luego la otra, más permisiva, del 1,8% del PIB, que pretendía defender el actual Gobierno pero que en Bruselas no ha gustado en absoluto. Y está, por último, la previsión que manejan algunos analistas a la vista del cuadro presupuestario publicado. Esta tercera versión conduce a un déficit del orden del 2,1% al 2,2% del PIB. Alguna estimación incluso le eleva un poco más.

Es esta tercera versión la que está tomando cuerpo de naturaleza en buena parte de los análisis que se están dando a conocer en los últimos días. Ello puede tener consecuencias poco favorables para la credibilidad de la política económica gubernamental y, en todo caso, para la valoración de la Deuda Pública que España tiene que emitir a lo largo de los próximos meses, lo que conllevará un aumento del gasto por costes financieros superior al previsto.

0 comentarios

Escribe tu comentario

¿Quieres unirte a la conversación?
Agradecemos tu participación.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *