El consumo y los precios se moderan

La recta final del año está resultando menos eufórica en lo económico de lo que se podía esperar y desear. Hay todavía pocos indicadores y no muy concluyentes, pero la sensación dominante es modesta, quizás por una mezcla de inestabilidad en la evolución de los precios (sobre todo los del petróleo), miedo a una evolución negativa de la economía mundial en los próximos meses como consecuencia de los diversos conflictos abiertos, junto a una evolución nada explosiva del crecimiento del empleo.

La primera estimación sobre la evolución del consumo privado minorista del mes de noviembre ha situado su crecimiento algo por encima del 1% en términos anuales, un crecimiento bastante similar al que ya se produjo en las vísperas navideñas del año pasado. Con esta tasa de variación, y a la espera de lo que registren las exportaciones, el turismo y la inversión, algunas de las principales variables económicas que inciden en la evolución del PIB, parecen tener fundamento las previsiones que se han venido publicando en los dos o tres últimos meses, en el sentido de que el PIB registrará un crecimiento este año no muy alejado del 2,5%, es decir, algo por debajo de las previsiones de principios del ejercicio y desde luego por debajo de lo que ha crecido la economía española en los tres años anteriores, en los que se registró una tasa media anual cercana al 3%. España seguirá ocupando un puesto destacado en la lista de las economías europeas con mejores prestaciones, pero ya no estamos en posiciones destacadas de cabeza, como en ejercicios anteriores.

La moderación en el crecimiento del empleo y unos aumentos salariales que no se han visto desbordados sino que se han ajustado a las directrices marcadas por las negociaciones salariales, han sido la principal razón que ha llevado la moderación a las tasas de aumento del consumo privado, en un contexto de moderado nivel de ahorro. Los consumidores han estado observando durante todo el año los vaivenes del precio del petróleo, que se ha ido reflejando casi a diario en los precios bien visibles de los surtidores de combustible en las gasolineras. En los meses más recientes, el precio del petróleo se ha ajustado a la zona más baja de las previsiones, aunque no resulte descartable a estas alturas un escenario algo más turbulento en la primera mitad del año próximo, en función de los acuerdos que están tratando de aplicar los principales países productores de crudo.

La evolución de los precios de consumo, por fortuna, ha sido bastante moderada, consistente con un acercamiento a los objetivos que se habían fijado en el ámbito europeo, es decir, en torno al 2%, senda media establecida por el Banco Central Europeo (BCE) como guía para el establecimiento de una política monetaria coherente. Noviembre ha cerrado con una tasa anual del 1,7%, por lo que la tasa de inflación va a presentar para el conjunto de este año un perfil muy ajustado a los deseos de las autoridades monetarias.

En todo caso, el cierre del año 2018 deja las puertas abiertas a un elevado número de incertidumbres, tal y como están reflejando los movimientos fuertemente cambiantes de los mercados. Este clima de incertidumbres económicas y políticas diversas no es el mejor fermento para que el ánimo de los consumidores se alimente de dosis de optimismo elevadas.