Incertidumbre en los precios del petróleo

El precio del petróleo está presentando este año una volatilidad superior a la de años atrás. El precio  final, que estos días se mueve en torno a los 67 dólares por barril, se ha movido  dentro de unos márgenes distantes entre sí unos 20 dólares por  barril, hasta niveles  máximos algo por encima de los  80 dólares el barril.

Las presiones de algunos grandes países, con Estados Unidos a la cabeza, para que el nivel de producción aumentase por encima de las cuotas acordadas por la OPEP y algunos otros grandes productores no alineados en este grupo, cuotas que han estado vigentes con mayor o menor  respecto desde principios del año 2017, no están dando resultados.  El precio se ha mantenido en alza pero también ha presentado momentos de debilidad. Y esa situación escalonada resulta perjudicial para el sector y para los consumidores, ya que retrasa inversiones y altera expectativas económicas.

Este año podría finalizar con un consumo del orden de 100 millones de barriles diario de crudo, según una previsión lanzada hace unas semanas por la propia dirección de la OPEP. Pero hay muchos factores que influyen en dificultar los pronósticos. Por ejemplo, Estados Unidos empuja para que aumente la producción de los países de la OPEP para que el precio se relaje mientras al mismo tiempo  mantiene sus sanciones a Irán, uno de los grandes exportadores del mundo.

Es más, al propio EE UU le interesa un precio razonablemente alto porque con ello mantiene su capacidad de producción, ya que es el mayor productor del mundo y se ha convertido en exportador marginal tras haber superado este verano los 11 millones de barriles diarios y se espera que rebase los 12 millones de barriles diarios para antes de mediados del año próximo. Cuanto más  sólido se muestre el precio del crudo, sin altibajos que hundan su cotización, mayor es la propensión inversora en este país, que ha convertido a sus yacimientos de esquistos en una importante fuente de hidrocarburos con los que inició primero su independencia energética y entró hace poco en una etapa de superávit, que le permite  obtener algunos ingresos adicionales.

Por lo tanto, sus presiones para que la OPEP decida aumentar sus cuotas  de producción en vez de mantenerlas limitadas y de  esta forma facilitar una menor presión al alza en los precios tiene un cierto carácter  ambivalente, que ni cuenta con credibilidad en los mercados internacionales ni permite por lo tanto persuadir a sus rivales en el negocio internacional del petróleo.  El próximo día 4 de diciembre, la organización petrolera tiene prevista una reunión en la que se analizarán todos los aspectos que confluyen en las previsiones de precios, de consumo y de producción, básicos para tomar decisiones sobre la continuidad de los acuerdos de cuotas limitativas de la producción.

La decisión de la OPEP de revisar sus cuotas de producción con una hipotética reducción de las mismas se enfrenta en todo caso a los temores  cada vez más extendidos sobre una desaceleración económica internacional, que llevaría a la baja los precios del crudo y que alejaría las previsiones algo optimistas de la propia OPEP según las cuales este año se podría superar la barrera de los 100 millones de barriles diarios de consumo.  Todo este mar de dudas y de presiones encontradas es lo que está generando una auténtica montaña rusa en los precios internacionales del crudo, que están causando ciertas dificultades en la formulación de políticas presupuestarias, ello sin contar con el impacto negativo en las inversiones para aumentar la producción.

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