La economía pierde gas

La pérdida de ritmo de la economía española la acaban de confirmar las cifras oficiales del segundo trimestre del año, durante el cual el ritmo de aumento anual del PIB ha caído dos décimas, hasta el 2,5%. Es la tasa más baja desde hace casi cuatro años. Ha quedado atrás de momento el ritmo de marcha propio de esta etapa cíclica que arranca  de mediados del año 2014 y que parecía haberse asentado en torno al 3% de media.

La cosa es que esta pérdida de ritmo, que se eleva hasta el medio punto cuando se compara con la primavera del año 2017, cuando el PIB corría  a un ritmo anual del 3%, puede acentuarse en los próximos trimestres, a pesar de que la  composición de la actividad económica, tal y como la describen las grandes cifras del segundo trimestre de este año, muestra un gran dinamismo en algunos aspectos de vital importancia para la economía, básicamente la derivada del vigor de la inversión. Parece un tanto contradictorio que la economía esté perdiendo ritmo de crecimiento mientras el ritmo de inversión acelera a marchas forzadas.

La construcción parece estar en el epicentro de la explicación y en el núcleo de las previsiones económicas a medio plazo, ya que el sector de la edificación podría aportar este año un crecimiento del 6%, según estiman algunos analistas. Pocas variables de la economía están presentando un ritmo tan vivo de mejoría.

De hecho, en el  segundo  trimestre, la inversión global de la economía mejoró un 3,5% gracias al creciente protagonismo de la construcción. En el primer trimestre, la formación bruta de capital había subido un  1% tan solo. Aquí puede residir la clave, por lo tanto, del empuje adicional que  está recibiendo la economía española y con el que está  neutralizando en buena medida al bajón de las exportaciones y la más reciente fragilidad del crecimiento del consumo privado, que en la segunda mitad del año tendrá que afrontar un equilibrio entre la mejora de las rentas que se está produciendo como consecuencia de los nuevos convenios y la actualización de las pensiones, pero que habrá de enfrentarse a  una tasa de inflación que está resultando algo más elevada de lo previsto.

La debilidad del consumo ha sido en todo caso el dat9o más llamativo de lo sucedido en el segundo trimestre del año, según las cifras que acaba de anunciar el INE.  Esta menor vitalidad del consumo privado, incluso favorecido por la baja tasa de ahorro de los hogares, que apenas representa un poco más del 4% de la renta disponible, está en relación directa con  el crecimiento del empleo, que ha presentado un  perfil menos expansivo en los últimos meses, aunque se mantiene claramente en positivo.

La otra clave del crecimiento se encuentra en la exportación, en donde por desgracia la demanda exterior ha entrado en fase de incertidumbre a  causa de las incertidumbres derivadas de las disputas comerciales y en alguna medida del complejo escenario político europeo mientras llega algún tiempo de solución al asunto del Brexit. Hay un retroceso en el empuje comercial europeo aunque la fortaleza del dólar puede generar un cierto despegue de las expectativas y del crecimiento de la zona euro, que daría mayor empuje  a esta variable de la economía española como es la exportación.