El freno que limita el crecimiento español

La recesión económica que ha padecido el mundo occidental y que en España ha tenido también un impacto considerable ha dejado muchas huellas que están condicionando no solo  la marcha actual de la economía sino su capacidad para recuperar el vigor de etapas anteriores. No estamos meramente en una sucesión de ciclos, propia del capitalismo. Lo que parece estar sucediendo es que  el ciclo de recuperación en el que nos encontramos desde  el año 2013 es más débil que el propio de etapas precedentes.

 

Y una de las razones principales, si no la mayor, es el peso que todavía representa la Deuda Pública en las finanzas del país, ya que los costes financieros del endeudamiento restan recursos a otras políticas que aportarían mayores dosis de dinamismo al crecimiento del PIB, según destaca un reciente informe del Banco de España conocido estos días.  El informe toma datos del BCE según los cuales las fases de recuperación económica en la zona euro duraban antes 31 trimestres, frente a los 19 trimestres de la actual. Además,  la intensidad del crecimiento del PIB en promedio era de 20 puntos del producto en fases alcistas anteriores frente a tan solo 9  puntos del PIB en la fase actual.

 

Las exportaciones y la inversión empresarial han aportado en estos últimos años un menor dinamismo que en etapas anteriores y no han iniciado su recuperación hasta  hace relativamente poco tiempo, finales del año 2016. De todo ello parece deducirse que, si nada importante se tuerce, la economía europea y la española en particular gozan de cierto margen de mejora en los próximos años, aunque  el ritmo de la mejora está siendo bastante menor.

 

Una de las cargas más pesadas que ha tenido que afrontar la economía española en estos últimos años ha sido el elevado endeudamiento al que han llegado tanto el sector público como el privado y, dentro de este,  dos de sus principales componentes, las economías domésticas y las empresas no financieras. Las economías domésticas llegaron a superar en su nivel de deuda  el 80% del PIB, cuando en la Unión Europea apenas superaba el 60%. En el caso de las empresas no financieras,  el  peso de la deuda se ha moviendo entre el 110% del PIB y el 116%  en los primeros años de la crisis, hasta el año 2011.

 

A partir del año 2012, la deuda empresarial empieza a bajar y ahora ronda niveles  inferiores al 80% del PIB, en línea con los que predominan en la zona euro, lo que no ha sucedido en los años anteriores. Esta normalización de la deuda, sobre todo empresarial, es lo que ha contribuido a una restauración de la capacidad de gasto y de inversión de empresas y familias y, a la postre, lo que ha permitido una restauración en la capacidad de crecimiento del PIB, que desde  mediados del año 2017 ha logrado recuperar  el nivel al que se encontraba en el inicio de la crisis. Pero todavía quedan obstáculos para acelerar el ritmo de crecimiento económico español.

 

Tanto en la rebaja de la deuda familiar como en la de las empresas no financieras ha tenido un impacto considerable la bajada de tipos de interés patrocinada por el Banco Central Europeo (BCE), etapa que se mantienen de momento, aunque con previsión de que pueda concluir a mediados del año que viene.  Y esta rebaja de tipos es la que ha posibilitado también un frenazo primero y una ligera reducción más recientemente en el  volumen  de la Deuda Pública en circulación. Pero con un billón de euros, cifra del endeudamiento del Estado, la economía española va a tener serias dificultades para progresar al ritmo requerido. Y algo habrá que hacer, en especial antes de que empiecen a subir los tipos de interés, para solucionar este serio problema.

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