El empleo afloja, como la economía

La etapa dorada del crecimiento del empleo y descenso del paro parece que está llegando a su final, lo que no significa que estemos en puertas de una nueva fase recesiva  en la economía. Nada más lejos, todavía. Pero las cifras de agosto han asustado un poco ya que son las más abultadas en  algunos aspectos, en concreto en el mal dato del último día del mes, el de cierre, en el que han confluido  diversos factores casuales para darle bulto a batacazo: último día de la semana, del mes,  de la temporada veraniega, todo ello unido a la extensión de la práctica de cerrar contratos mensuales en algunos sectores (el de Educación ha sido esta vez masivo) para abrirlos al día siguiente, una  práctica que las autoridades laborales  prometen que van a vigilar y a recortar.

En todo caso, en una mala noticia que la afiliación neta a la Seguridad Social haya decaído en el mes en 203.000 personas, hasta los 18,8 millones de afiliados, una cifra todavía modesta para acercar un cierto equilibrio en las cuentas del sistema. La afiliación está aumentando en el año a un ritmo del 2,89%, insuficiente para proveer de dinero a la tesorería del ente público, que precisa pagar cada vez unas nóminas más abultadas.

Llama la atención, según dato conocido estos días, que las pensiones de jubilación de más de 2.500 euros mensuales son las que más crecen, un 18% nada menos desde  diciembre  del año 2017 hasta agosto de este año. Ya se acercan a las 400.000 y representan alrededor del 7% de las pensiones de jubilación.  Las cuentas de la Seguridad Social llevan mal camino e incluso un curso acelerado de deterioro, como se puede observar cuando se analizan las aportaciones de los nuevos  cotizantes y las prestaciones de quienes forman parte del sistema, un colectivo que crece  con ingresos muy superiores al colectivo de quienes causan baja por fallecimiento.

Es inevitable mirar de reojo las cuentas de la Seguridad Social cada vez que se hace el balance mensual del empleo y de la afiliación. La solidez financiera de este organismo  depende de la fortaleza en el crecimiento del empleo, es decir, de la mayor  cantidad de cotizantes, que en estos tres últimos años ha crecido a ritmo interesante aunque insuficiente para suministrar los ingresos necesarios para que el sistema salga de la situación de déficit en la que se encuentra. Continuar con  esta mejora de la afiliación, es decir, del empleo, es una necesidad esencial para la supervivencia de la Seguridad Social.  Los datos de agosto son, en este sentido, una llamada de atención, esta vez más virulenta que en  meses anteriores debido al fuerte descenso de la afiliación en dicho mes.

Con las estadísticas de  agosto hay ya ciertos motivos para la preocupación, ya que el descenso de la afiliación en proporciones superiores al mismo mes de años anteriores, aunque el crecimiento en lo que va de año siga presentando todavía cifras importantes, indica que la economía empieza a  presentar síntomas de flaqueza, como reflejan las ventas minoristas, la disminución de la intensidad de los flujos turísticos (una de las mayores fuentes de ingresos del país), el aumento del déficit comercial, la aceleración de la tasa de inflación y, como  corolario, un cierto despiste gubernamental a la hora de tomar las riendas de la economía con la  solvencia suficiente para permitir que el crecimiento económico se sostenga a medio plazo.  Por el contrario, los debates que hay en el país en estos momentos sobre cuestiones económicas, como la falta de un acuerdo político para contar con un Presupuesto del Estado o el permanente tira y afloja sobre las subidas de impuestos,  no generan el mejor caldo de cultivo para favorecer la  confianza de los agentes económicos y la inversión.

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