A vuelta con los precios del turismo

El frenazo del turismo en julio, el mes turístico por excelencia, ha puesto en marcha toda la maquinaria de análisis que se merece un acontecimiento de este calibre.  No en vano es la mayor fuente de riqueza del país  y parece lógico que las motivaciones de sus debilidades sean objeto de  una auscultación muy detallada, aunque las simplificaciones no sirvan en este caso para llegar a conclusiones acertadas.

Los síntomas del pinchazo del mes de julio han venido haciéndose visibles desde hace unos pocos  meses. De hecho, ya la propia dimensión de las cifras es un motivo de reflexión, ya que alcanzar un récord de visitantes extranjeros en torno a los 82 millones de personas es para entrar en un necesario ejercicio de reflexión. Se trata de un colectivo de personas que duplica la población española y, por lo tanto, plantea en algunos momentos puntuales problemas de coexistencia, sobre todo en algunas zonas de la geografía nacional.

Pero las alertas han empezado a llegar desde otros ámbitos. Uno de ellos, la escalada de precios que se ha vivido en el sector en los últimos años. En este último  decenio, los precios españoles que afectan a la actividad hotelera han aumentado más de un 21%, más del doble de lo que lo han hecho en otros países competidores, como Egipto. En Turquía, los precios han bajado de forma considerable en este lapso de  tiempo.

Por fuerza, esta distorsión de los costes para el visitante extranjero ha de generar reacciones y cambio de preferencias. La subida de precios tiene una doble vertiente: selecciona a la clientela por la importancia de su renta y por lo tanto atrae a clientes de mejor posición económica y mayor capacidad de gasto, pero al mismo tiempo  provoca desvíos de tráfico entre mercados, de forma que en los últimos meses estamos asistiendo a la lógica de la competencia: hay países que se llevan turistas que  en años anteriores elegían España para su descanso y ocio, lo que tiene un impacto en las cifras.

Menos turistas y más ricos es una opción, un camino que posiblemente está recorriendo España en estos momentos, siempre con la duda de si el saldo final será provechoso o no para la economía española. Un turismo de mayor calidad y más aportación de ingresos a la economía española es desde luego deseable, pero conviene no perder de vista la importancia de una afluencia en la que también brille  la cuantía de turistas, ya que España ha invertido mucho dinero en dotarse de una infraestructura hotelera de muy alta calidad que es necesario rentabilizar  y que es en la actualidad la mejor, con diferencia, del  mercado mediterráneo.  Es por ello que los precios han de encontrar su justa medida, capaz de generar ingresos suficientes para hacer rentable al sector y seguir alimentando sus inversiones en el futuro, con el mantenimiento de una mano de obra que se encuentra entre las mejor preparadas del turismo internacional.

Ese turismo que ha empezado a flojear en cuanto a visitantes ha dejado sin embargo cifras alentadoras en lo que se refiere a los ingresos, ya que con un 5% menos de turistas, el sector ha ingresado un 3% más que en los siete primeros meses del pasado año. Quizás ello indica que España está ganando de momento la  batalla de la rentabilidad: más ingresos con menos visitantes es una fórmula que no está nada mal. En los siete primeros meses del año, el 3% de subida de facturación   se ha traducido en unos 50.700 millones de euros de ingresos, cifra desde luego respetable aunque mejorable.

0 comentarios

Escribe tu comentario

¿Quieres unirte a la conversación?
Agradecemos tu participación.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *