El viernes hablarán los bancos centrales

La Bolsa de Estados Unidos vive días de gloria alcista. El índice S&P 500 acumula récords históricos y desde su cota mínima de marzo del año 2009, después de la crisis de Lehman Brothers (septiembre del año 2008), ha subido nada menos que un 330%. A título de comparación, el Ibex 35 ha ganado en este mismo periodo de tiempo un 40%.  La Bolsa americana se está viendo reforzada en especial por el auge de las compañías tecnológicas (cinco de las cuales encabezan la lista de empresas más valiosas del mundo) y por la fortaleza de su propia economía.

La secuencia alcista podría estar a punto de tocar techo, dicen algunos analistas. Una de las claves del futuro inmediato estará en lo que diga el señor Powell, (Jerome Powell, presidente de la Reserva  Federal americana) este viernes  con motivo de su esperada conferencia en el cónclave anual de Jackson Hole, en donde los banqueros centrales de todo el mundo desgranan sus puntos de vista sobre la situación económica  y sobre el manejo de sus respectivas políticas monetarias. La reunión, que organiza la  Reserva Federal de Kansas, llega en un momento complicado por la crisis de los mercados emergentes, que podría contribuir a dulcificar el mensaje agresivo de la Reserva Federal americana.  La reunión de este fin de semana será aprovechada por otros banqueros centrales, incluido el europeo, para fijar sus posiciones a corto plazo, de modo que el cónclave promete el más alto interés.

En teoría, la Reserva Federal americana está en trance de mantener la secuencia alcista de sus tipos de interés, con dos subidas previstas en principio para lo que resta de año, es decir, posiblemente un incremento  conjunto del 0,50% en las tasas oficiales de interés de la mayor economía del mundo, lo que puede dar más  fuerza alcista al dólar.

Pero estas últimas semanas se ha cruzado por el medio la crisis de Turquía y como elemento  añadido la de Brasil. Las economías de los países emergentes pueden dar algunos disgustos a los mercados en el inmediato futuro. Turquía parece que se está recuperando  pero tendrá dificultades en superar su actual fase de debilidad económica.

Posiblemente  la economía emergente más dañada por el rebote de los problemas de Turquía será Brasil, no sólo a causa de su querella con Estados Unidos y de la fuerte depreciación de la divisa turca, que ha contagiado a algunos mercados emergentes.  En Brasil también hay  otro factor importante a tener en cuenta en estos momentos, su  acusada inestabilidad política. El candidato más favorecido por las encuestas de  las próximas elecciones presidenciales, a la vuelta del verano, es el ex presidente Lula da Silva, que está en la  cárcel.

La fragmentación política brasileña es un serio problema para su salida de la crisis. La economía lo está notando y previsiblemente puede resentirse aún más, lo que afectará a una economía como la brasileña que depende en gran medida de las inversiones extranjeras y del peso de su ya elevada deuda pública, casi en línea con las de algunos países europeos.  La  débil situación política de Brasil, lo mismo que ha sucedido desde hace unas semanas con Turquía,  puede tener efectos negativos importantes en las empresas españolas, ya que Brasil es la economía con mayor inversión española en el exterior.