PIB, freno o espejismo

El primer dato de PIB de la era Sánchez ha traído de la mano malas sensaciones. El aumento  habitual de los tres últimos años, por encima del 3% anual,  ha sufrido un resbalón y se ha quedado solo en el 2,7%. Es un aumento muy sólido, pero sabe a poco después de lo que hemos atravesado y lo que parecía que estábamos  en trance de prolongar una temporada más. En particular, hasta que el Banco Central Europeo (BCE) deje de insuflar liquidez  masiva y empiece a subir tipos de interés, como se espera que empiece a suceder de forma gradual entre septiembre de este año (recorte de las inyecciones de liquidez) y el verano de 2019 (primeros incrementos en los tipos de interés, con abandono de la senda 0%).

Poco debe tener que ver el patinazo  del PIB  con la llegada de los socialistas al poder, entre otras cosas porque los motivos de la desaceleración parecen tener su origen en factores externos. Por ejemplo, la subida de los precios del petróleo que ha desencadenado una pequeña espiral inflacionista que ha mermado la solidez del consumo privado además del frenazo de las exportaciones, que han caído un 1% después de una larga temporada alcista. Detrás de este frenazo exportador  hay que situar la creciente deriva de las relaciones comerciales internacionales, sumidas en un  desconcierto manifiesto.

Dado que la mayor parte de nuestras exportaciones van a la Unión Europea, la menor fortaleza de las economías de la zona euro parece explicar esta desaceleración exportadora, a la que se suma, con escaso impacto, el menor esplendor del turismo, ahora que  algunos de los mercados competidores de España (países árabes) parecen recuperar unos pocos millones de visitantes que nos habían dejado prestados en los dos o tres últimos años. Aún así, el turismo está fuerte este año, sobre todo en materia de ingresos, ya que los turistas que han tomado el relevo a los de años anteriores parecen venir con la cartera más dispuesta.

Por no dejarse caer en manos del pesimismo al que podrían dar rienda suelta algunas de las cifras macro de este segundo trimestre, hay que fijarse también en las positivas, que son muchas y que a lo mejor hasta logran darle la vuelta a la curva de la tendencia en los dos trimestres que restan del año.

Los dos motivos para esta esperanza  residen en el importante aumento de la inversión empresarial (los empresarios no parece que le tengan miedo a Sánchez ni siquiera ganas de ponerle trabas), nada menos que el 5,5%, y el crecimiento del empleo por encima de lo que se estaba registrando en trimestres precedentes.  Más inversión y más empleo no son señales que anticipen crisis ni mucho menos desaceleración sostenida.  Son, por el contrario, fuentes de alimentación sana y robusta para el corto y medio plazo, de forma que habrá que esperar a ver lo que sucede en los meses venideros para darle más credibilidad  a un pronóstico que podría deslizarse  de forma apresurada y poco solvente hacia el frenazo económico cuando en realidad podría tratarse apenas de un alto en el camino.

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