La banca, contra el impuesto doble

Son palabras mayores. El consejero delegado del Santander ha tomado la delantera (el banco presentó este miércoles sus resultados  de la primera mitad del año) en  la reacción del sector bancario ante la anunciada subida de impuestos a los bancos. La  propuesta gubernamental resulta bastante discutible en la medida en que no se entiende bien por qué los bancos han de financiar parte del déficit de la Seguridad Social y los demás sectores de la economía no son llamados a realizar semejante colecta.

Lo cierto es que todos, bancos y empresas, además lógicamente de los trabajadores, ya aportan el dinero (insuficiente) para sufragar los 9.000 millones de euros  que cuesta pagar las pensiones 14 veces al año (dos pagas extra incluidas) sin que se pueda justificar el doble tributo que debe afrontar un sector en  concreto, el bancario, al que en los últimos años no le salen bien los números, de forma que los Gobiernos, aquí  y en todas partes, se desviven por exigirles a las entidades financieras que  redoblen su  solvencia.

En este contexto de reforzar la rentabilidad del sector financiero, encaja mal la colecta que pretenden los socialistas, en un ejercicio de recaudación adicional que puede darles buenos réditos políticos pero que tiene muchas contraindicaciones, no sólo las del agravio comparativo o las  de la inoportunidad, redoblando los impuestos a un sector que vive  acuciado por la necesidad de demostrar  la calidad de sus beneficios.

Junto a estos argumentos hay otros, que el sector ha empezado a manejar en estos días. Uno de ellos es el de la doble tributación de los beneficios. Los grandes bancos españoles obtienen  una parte sustancial, incluso mayoritaria, de  sus beneficios de unos años a esta parte gracias a las aportaciones de sus filiales internacionales  que les suministran unos dividendos muy jugosos con los que la banca está logrando capear la dura etapa de los tipos de interés negativos y la  disminución de los márgenes financieros.

Pagar en España un impuesto  adicional y suplementario sobre los beneficios  para ayudar a la financiación de la Seguridad Social implicaría duplicar la tasa impositiva, es decir, pagar dos veces por el mismo beneficio, el que se genera fuera en las filiales y llega a España en forma de ingreso ya con los tributos pagados en otro país y sumarle el beneficio propio del banco en España. En algunos casos se da la particularidad de que las filiales españolas de algunos bancos están en pérdidas, lo que significa que los beneficios que presentan sus cuentas consolidadas en España tienen su origen únicamente en las ganancias obtenidas en el exterior.

Parece fácil deducir que la tentación  de algunos grupos bancarios españoles para eludir semejante despropósito pase por reorganizar  la estructura jurídica y societaria   para escapar de pagar en España unos impuestos que tienen escasa justificación a la vista de las débiles cuentas de resultados que tienen los bancos en España en los últimos ejercicios. La tentación de situar la sede corporativa en  el exterior ha tardado poco en salir a relucir como remedio fiscal para hacer frente a este nuevo tributo. Lo que  parece cada vez más claro es que el Gobierno tendrá que tomarse más en serio y con más rigor la firma de financiar la Seguridad Social.