Casado, mucha tarea en la economía

El nuevo líder de la derecha española, Pablo Casado, acaba de abrir una nueva oportunidad para la conducción de la economía tras los largos años del indefinido periodo en el que Rajoy, Montoro, Guindos, Báñez y Nadal le dieron a la economía un tinte  tecnocrático, con pocos tintes ideológicos,  pero que a la postre ha logrado situar el crecimiento económico en una zona bastante satisfactoria cuando se nos compara con el resto de economías europeas de primer nivel.

La llegada de Casado al PP  es una oportunidad para que el partido que en su día dirigió con mano de hierro José María Aznar, con la ayuda firme de Rodrigo Rato, defina  nuevas esencias, marque diferencias con los que le han arañado un buen puñado de  votos  en su misma parroquia (Rivera) y establezca nuevas orientaciones en materia fiscal y de gasto público.

El momento para que Casado defina sus prioridades es el oportuno, ahora que el Partido Socialista trata de impulsar un giro social sin muchos miramientos con el control del déficit, que se ha dejado al albur de la tolerancia de Bruselas, aunque quizás no tarden en llegar algunas admoniciones por parte de los burócratas comunitarios, ante el patente desajuste entre las promesas comprometidas y  los proyectos y cifras que se van conociendo  de los ministros y ministras de Sánchez.

De momento, el techo del gasto público anunciado por el Gobierno de Sánchez no va a pasar el examen del Senado, habida cuenta de la mayoría absoluta con la que cuentan los populares en esta cámara. Este contratiempo creará dificultades para la elaboración del próximo Presupuesto del Estado para 2019 y pondrá  a prueba la hipotética concordia entre el Gobierno de Sánchez y las autoridades de Bruselas, en donde (conviene recordarlo) España sigue  perteneciendo al club de los países con vigilancia especial, en donde es por cierto el único miembro.

Pero la batalla de Casado  no se centrará tanto en ponerle obstáculos en el corto plazo al actual Gobierno de minorías aliadas bajo el paraguas de conveniencias poco firmes sino en preparar el territorio para las próximas elecciones, en las que las tareas del nuevo dirigente del PP no sólo pretenderán recuperar parte o la  mayoría de  la base electoral perdida a manos de Ciudadanos  sino en definir un modelo coherente de  política económica.

Un nuevo modelo  en el que se puedan combinar políticas  de control del gasto público, de recorte del tamaño del Estado y de reducción de la Deuda Pública  con una apuesta  más decidida en favor de la reducción de la fiscalidad personal y empresarial que permitan impulsar el dinamismo económico y la creación de empleo. Son  desafíos que ofrecen perfiles contradictorios entre sí pero que los nuevos dirigentes de la derecha española  tendrán que afrontar si aspiran a recuperar espacios electorales de cara a sus próximos compromisos en las urnas.