Turismo, tiempos de frenazo

El turismo español  entrará este año en una etapa de menor euforia tras varios ejercicios de crecimientos disparados. No serán cifras para tirar cohetes pero las previsiones apuntan a una ligera mejoría sobre el año 2017.  Los 82 millones de visitantes y los 87.000 millones de euros de ingresos del pasado año serán difíciles de batir, pero quizás se puedan superar por márgenes modestos.

La razón de este menor crecimiento tiene sus motivaciones en diversos hechos. El primero, que las tasas de crecimiento que estaba presentando el sector en los últimos años eran insostenibles, en parte porque  tenían su explicación en el hundimiento de mercados competidores (Egipto, Turquía,…), situación que por fortuna ha empezado a revertir. El año pasado podría haber sido el último de esta situación anómala en la que varios millones de turistas (entre 6 y 8 millones, según estimaciones siempre difíciles  de precisar) habían optado por destinos alternativos al español a causa de motivaciones políticas (conflictos armados en la zona y riesgo para la seguridad de los visitantes) y económicas. Lo cierto es que en el año 2017, la entrada de turistas aumentó un 8,9% y los ingresos lo hicieron en un 12,4%.

Unas tasas que este año no se van a repetir, según certezas muy extendidas en el  sector. Durante los cinco primeros meses, la entrada de turistas aumentó apenas un 2% mientras los ingresos lo hicieron en un 4%.  Aumentos muy distantes de los del año 2017 7y de años anteriores, un crecimiento que resultaba difícilmente sostenible durante varios años.  El crecimiento del turismo español ha sido superior al del PIB durante siete años consecutivos, una secuencia difícil de alcanzar sobre todo cuando el ritmo de crecimiento económico es elevado.

Las dos consecuencias más  visibles de esta relajación de entradas y gastos de turistas  son una menor aportación del turismo al crecimiento del PIB y la constatación de que el modelo turístico está cambiando en sentido positivo, o sea, con aumentos superiores en los ingresos que en el número de turistas. Es decir, aumentos en el gasto medio por turista, que era una de las aspiraciones tradicionales  del sector turístico en España ya que la procedencia de los turistas y el tipo de ocio al que se dedican durante su estancia en España permiten dejar un mayor valor añadido.

No obstante, una de las razones por las que este año el número de visitantes extranjeros está siendo menor reside en el menor empuje económico que registran algunos de nuestros principales clientes. En especial, Reino Unido, que es el principal proveedor de visitantes a la geografía española. Alemania y Francia, los otros dos grandes clientes del turismo español, también están mostrando un menor empuje este año respecto a ejercicios anteriores. En el caso de Gran Bretaña, la economía de este país, afectada por las dudas en torno al  Brexit y por la debilidad de su divisa, explican la menor afluencia y gasto por persona que presentan los visitantes de las islas, aunque el relevo lo están tomando los visitantes de otras altitudes, como Estados Unidos o algunos países asiáticos, cuyo interés por España ha ido en aumento en los últimos años.