El desconcertante precio del petróleo

El precio del petróleo está dislocado. Los vaivenes del crudo están añadiendo un alto grado de incertidumbre a la economía global, ya de por sí bastante castigada con las amenazas comerciales y el retorno de un proteccionismo que está recortando las previsiones de crecimiento económico. La demanda mundial de petróleo puede resentirse en  medio de este galimatías y  las previsiones de consumo que manejan los organismos internacionales están  influyendo en las  oscilaciones de precios.

En los últimos días, el precio del crudo ha llegado a caer en torno a un 10% y el precio actual  se ha situado en torno a los 72 dólares el barril, un nivel no muy lejano del que había a principios de año.

Las variaciones de precios están reflejando sobre todo las políticas productivas de los  principales extractores de crudo. La disciplina de la organización petrolera OPEP, a la que se ha unido  con voluntad incierta Rusia (uno de los tres mayores productores de crudo del mundo), no ha funcionado en los últimos meses con la eficacia que  deseaban sus integrantes, con  Arabia Saudí, líder productivo de este grupo, superando sus cuotas asignadas.

El tercer actor en discordia, Estados Unidos, está produciendo en la actualidad unos 2 millones de barriles de crudo diarios por encima de su producción de hace tres años, ya que los productores del nuevo petróleo  no convencional (el fracking) aprovecharon los años de altos precios para obtener buenos beneficios que invirtieron en la mejora de sus explotaciones y en un aumento de la eficiencia de las mismas, lo que les permite ahora producir petróleo a precios inferiores a los de hace unos años, aumentando con ello su parte en el pastel petrolífero no sólo del propio mercado estadounidense sino en el mercado global.  La mayor oferta de crudo estadounidense ha contribuido a moderar los precios internacionales en una etapa económica de crecimiento sincronizado entre los grandes bloques económicos.

Además, y a pesar de las dificultades que están teniendo países como Venezuela e Irán para mantener sus antiguas cuotas de producción (Venezuela a causa de la ineficacia de su sector petrolero y los iraníes debido a las sanciones económicas internacionales), lo cierto es que el mercado ha contado con nuevos productores, no sólo Estados Unidos, sino la histórica Libia, que debido a sus dificultades políticas interiores había llegado a un estado de casi paralización productiva, que ahora se está revirtiendo con la gradual normalización de sus grandes pozos, que  están  contribuyendo también a incrementar la oferta mundial.

En suma, el riesgo de que el precio del petróleo se convirtiera en un arma perjudicial para el saneado crecimiento de la economía mundial, sobre todo la de los países occidentales con alta dependencia del crudo importado, parece asustar ahora menos que esta pasada primavera, cuando los precios del crudo iniciaron una carrera alcista que causó preocupación en los mercados  y entre los analistas, que revisaron a la baja las previsiones de crecimiento económico. Ahora, el panorama ha cambiado de protagonistas: ya no hay tanto miedo a que el petróleo se convierta en un arma peligrosa para el crecimiento de la economía mundial, El relevo lo ha tomado el proteccionismo y  las guerras comerciales.