Mucha población infrautilizada

Detrás de las excelentes cifras de crecimiento del empleo y la afiliación que viene mostrando la economía española en los últimos dos años, hay una realidad menos brillante que la OCDE acaba de destapar. En un informe publicado este miércoles, el organismo supranacional ofrece un dato bastante significativo: España  infrautiliza  el 41,3% de la población en condiciones de tener un empleo, es decir, básicamente la población mayor de edad  excluidos los estudiantes.

El porcentaje es demasiado elevado y nos sitúa cerca de la cabeza en la clasificación de los países  que menor  provecho obtienen del empleo de su población en labores productivas. En concreto somos la cuarta peor potencia en una clasificación en la que presentan porcentajes superiores países como Grecia, Turquía  e Italia. El hecho de que el 41,3% de la población española no esté contribuyendo al  crecimiento del país supera con mucho el promedio de los países desarrollados, en donde este porcentaje de población insuficientemente productiva es del 28,1%. Es decir, un bache que  explica por qué España es una potencia económica de rango medio tirando a bajo cuando podría encontrarse en posiciones bastante más confortables.

Para calcular el 41,3% de la población, los expertos de la OCDE suman tres  colectivos: el de las personas inactivas, el de los parados y el de aquellos que tienen un empleo  a tiempo parcial pero que desearían tenerlo a tiempo completo, lo que en España se viene denominando, entre otros tipos de situaciones, como empleo precario. Los países desarrollados muestran, de todas formas, diferencias muy sustanciales a este respecto, ya que en  Francia el porcentaje de  población infrautilizada es del 32,9%, no muy lejos de España, mientras en Alemania es del  21,8% de la población (la mitad que en nuestro caso) y en Gran Bretaña del 24,6%.

Esta baja utilización de la población existente y potencialmente activa constituye un desafío para los legisladores españoles, pero también para la propia estructura productiva del país. España es una economía de servicios, que es el vivero en el que fructifican las mayores distorsiones en el empleo, ya que sectores como el turístico, el del ocio en general, tienen un amplio desarrollo. Y en este tipo de actividades es  bastante habitual la acusada estacionalidad que impide la existencia de puestos de trabajo estables y permanentes a lo  largo de todo el ejercicio.

La reforma laboral que ahora se intenta revocar bajo la presión de las organizaciones sindicales  fue en su momento un intento de flexibilizar la  creación de empleo y  sus resultados no deberían ser despreciados, siempre que se reformen algunos de los abusos en los que se ha incurrido. La OCDE ha sugerido para nuestro país la continuación de las reformas del marco laboral, que considera ha sido abordada de forma incompleta. Un intento de reforma que sea capaz de responder al mayor abanico posible  de aspiraciones, teniendo en cuenta  los rasgos muy peculiares de una gran parte de las actividades productivas del país, en especial del sector servicios, debería guiar  los esfuerzos reformistas del nuevo Gobierno, lejos de postulados  dogmáticos y con una apuesta por el realismo.