El difícil encaje de las pensiones

El encaje de números más complicado al que se enfrenta el nuevo Gobierno es el de dar satisfacción a las mejoras que se piden para las pensiones y recuperar el equilibrio del sistema de la Seguridad Social o, cuando menos, evitar que cualquier retoque en las pensiones acabe por contaminar los Presupuestos del Estado, hasta el punto de dificultar el cumplimiento de los objetivos de déficit. Es decir, el compromiso firme asumido frente a Bruselas de menor déficit público.

Es un encaje difícil y las soluciones simplistas (elevar los impuestos, incluso creando un polémico tributo sobre los beneficios de los bancos) no van a salir adelante fácilmente. La ministra del ramo, Magdalena Valerio, ha hecho su estreno en Bruselas ante el Consejo de ministros de Empleo, en donde la reforma, tan denostada, del año 2013, la que planteó límites al crecimiento de las pensiones para ligarlas a su sostenibilidad, había sido valorada en el pasado de forma muy positiva, hasta el punto de situar a España como el país que mejor estaba abordando el asunto de las pensiones.

Pero todo dio un giro radical hace unos meses, cuando los partidos de oposición al entonces gobernante Partido Popular torcieron el rumbo y se echaron en brazos, entre otras decisiones contrarreformistas, de la actualización de las pensiones en función de la inflación. La ministra española ha tratado de persuadir a sus colegas europeos y a los técnicos de la Comisión de la bondad de los nuevos enfoques. Dentro de unos días, la ministra de Trabajo tendrá que explicar con más detalle cuáles son sus nuevos planes ante la Comisión del Pacto de Toledo, si es que no lo hace antes de esa cita.

El mecanismo que se está utilizando de momento para pagar las pensiones, puesto que la recaudación por cuotas no cumbre las necesidades financieras del sistema, es el recurso al endeudamiento, es decir, a préstamos del Tesoro, una vez agotado el recurso habitual de los últimos años, cuando el Fondo de Reserva contaba con medios financieros suficientes para cubrir las necesidades. El casi agotamiento del Fondo ha conducido a otra fase en la que el Tesoro adelante el dinero.

Con esta solución transitoria, la Seguridad Social está engordando su deuda, sin un horizonte claro de devolución, y al mismo tiempo provocando un mayor impedimento para que las cuentas del Estado cierren con un déficit en línea con los objetivos pactados con Bruselas. Este último compromiso de déficit en torno al 2% del PIB, o ligeramente superior pero en todo caso inferior al 3%, ha sido esgrimido por el nuevo Gobierno de Pedro Sánchez como una prioridad. A la hora de la realidad, hacer compatibles ambas pretensiones se presenta sumamente difícil y todo parece indicar que en el seno del Gobierno de Sánchez se está abriendo un serio debate para ver quién logra imponer su criterio. Las promesas de mejora de rentas a los pensionistas, sobre todo en momento de crisis económica, tienen empantanado el debate en el seno de la comisión del Pacto de Toledo. La dura realidad se está imponiendo y una mayor dosis de realismo tendrá que abrirse paso en los próximos meses sobre este asunto.