La inversión acusa debilidad

Las cifras ya bastante definitivas de la evolución económica española en el primer trimestre confirman el positivo estado de la actividad aunque los datos que ha alumbrado el INE correspondientes a este primer trimestre del año 2018 han mostrado algunas señales de debilidad que no auguran nada bueno, sobre todo en materia de empleo.

La principal muestra de este debilitamiento se encuentra en la caída de los niveles de inversión productiva. Siguen en positivo pero han dejado atrás sus mejores momentos ya que en el último trimestre del pasado año, la inversión en bienes de equipo llegó a alcanzar tasas anuales del 7,9% en contraste con el mucho menos brillante 2,3% de crecimiento anual en este primer trimestre del año 2018.

Es más, comparado este trimestre con el último del pasado año, la inversión registra una caída cercana al 2%, lo que ya resulta preocupante. Se ha invertido mucho menos y eso es algo que habría que analizar, aunque en los meses finales del pasado año se ejecutaron algunas inversiones puntuales que han contribuido a elevar las cifras. Lo cierto es que el año 2018 ha comenzado con una vitalidad inversora desanimada y con ritmo lento, lejos de sus mejores tiempos, lo que revela que algo ha pasado en este inicio de año en la economía española que no estimula a tomar decisiones de inversión y crecimiento.

Las motivaciones de este decaimiento no están claras aunque responderán con bastante probabilidad a una serie de factores, entre los que se encuentran la inestabilidad política interna, la incertidumbre creciente sobre el desarrollo del proyecto europeo (puesta de relieve en la crisis italiana y en la escasa sintonía germano francesa sobre las reformas europeas), la amenazante guerra comercial que sigue atizando el presidente estadounidense y que puede afectar a una parte sustancial de las exportaciones europeas y otros factores diversos tanto de índole doméstica como global.

Las exportaciones están creciendo, por su parte, a ritmo razonable pero sin expectativas de aceleración, como sería de esperar ante la fuerte corrección que está viviendo el tipo de cambio, es decir, la fuerte depreciación del euro frente al dólar desde principios de año. Esta depreciación está mejorando en alguna medida la capacidad competitiva de las exportaciones europeas y particularmente de las españolas, muy sensibles a los cambios en las divisas del comercio internacional. Pero los resultados de todo ello se están haciendo esperar y la realidad es que las exportaciones contribuyen de forma modesta al crecimiento económico del país y, a la postre, no constituyen un factor de estímulo suficiente para justificar nuevas inversiones que aceleren la producción y el empleo.

En relación con la creación de puestos de trabajo, el primer balance del primer trimestre del año ha sido bueno en la medida en que se ha incrementado en 466.000 personas equivalentes a tiempo completo y en términos anuales, lo que refleja un aumento anual del 2,6%. Pero en el trimestre último del pasado año, el empleo crecía a ritmos superiores, de casi el 3% anual, lo que refleja el impacto negativo de la menor tasa de inversión que hemos registrado en estos primeros meses del año. Por desgracia, los factores que han frenado la inversión en estos meses iniciales del año 2018 no solo no se han ahuyentado sino que se han incrementado de forma sensible.