La elección del Banco de España

El Gobierno español se diferencia en muchas cosas del británico. Por ejemplo, en la elección del máximo responsable del banco central del país. La última vez que los ingleses tuvieron que afrontar semejante tarea, año 2013,  tuvieron la originalidad de poner un anuncio en la prensa para pedir curriculums de aspirantes. Se presentó un señor llamado Mark Carney,  a  la sazón gobernador del Banco de Canadá.  Y al Gobierno británico le gustó la idea de contar por primera vez  con un ciudadano no inglés para dirigir la entidad, la más antigua del mundo, nacida en el año 1694.

Los ingleses optaron por Carney a pesar de que había en el propio Banco de Inglaterra señores con enorme valía, pero Carney aportó algo que resultó de inestimable importancia, su labor al frente del Banco de Canadá. Ese ha sido el  país que mejor ha sorteado la crisis financiera de hace un decenio y eso le llegó al alma a los ingleses, de forma que entre esos méritos y el hecho de estar casado con una británica y de haber desempeñado  funciones importantes en el sector bancario privado (doce años en Goldman Sachs, con importantes cargos ejecutivos en  algunas de las plazas financieras más importantes del mundo), le despejó el camino hacia la cúpula del  banco central más añejo del mundo. El señor Carney  es independiente y  desde que ocupa el cargo, año 2013,  no se ha cortado un pelo en criticar la salida de Gran Bretaña de la UE y  algunas otras cosas que han hecho los ingleses en los últimos tiempos. Aunque su mandato es de ocho años, parece que dejará el cargo sin llegar  a agotar el plazo. Se dice que este mismo año podría pedir la liquidación.

No está el Gobierno español para experimentos de este tipo. No ha tenido otra ocurrencia que proponer el nombre de un excelente y prestigioso técnico, Pablo  Hernández de Cos, para ocupar la plaza que deja  vacante dentro de unos días Luis María Linde. Los políticos del arco parlamentario no han tocado bola en este nombramiento, lo que ha levantado escozores.  El recién llegado es joven (47 años) y con amplia experiencia en dos frentes importantes, el propio Banco de España y las instituciones financieras europeas (Banco Central Europeo entre otros).  Parecen buenos avales.

Llega, a pesar del  escaso apoyo político y de la ausencia total de consenso sobre su designación entre los grandes partidos políticos, como era habitual en otras épocas,   con muy buenas credenciales y en los seis años que debería durar su mandato tendrá tiempo suficiente para dirigir una nave que en los últimos años, sobre todo en los mandatos de Miguel Angel Fernández Ordóñez y en el de Luis María Linde, sobre todo en el primero de los dos, ha mostrado más zozobras que soluciones, algunas de las primeras por  una falta de pericia que  ha venido a  demostrar que la injerencia de los políticos en la selección de las personas  que desempeñan esta importante función no  siempre es una idea bendecida por la eficacia.

Hernández de Cos es el primer gobernador del Banco de España que llega al cargo después de tres predecesores  con modesta experiencia en el mundo financiero (quizás con la excepción de Jaime Caruana, uno de los tres antecesores), tanto público como privado. En su caso, el nuevo inquilino del caserón de Cibeles tampoco ha pisado nunca una entidad bancaria privada, lo que ciertamente le  ayudará en ahuyentar posibles  sospechas de  conflicto de intereses, pero  merma sus capacidades potenciales para conocer por dentro el negocio que ahora va a supervisar. En el ámbito público, su experiencia es dilatada y en lo que atañe al conocimiento interno de la institución que dirigirá está  lógicamente sobrado.

En suma, los mimbres parecen sólidos a pesar del delicado momento en el que accede al  cargo y a la poca gracia que les ha hecho a algunos políticos no haber sido consultados para  la elección. No sería  la primera vez que todos estos ingredientes  resultan el mejor aval para una exitosa tarea al frente de la entidad.