El coste de la incertidumbre

Pocos días ha necesitado la prima de riesgo española para dispararse al alza, tal y como se temía. La prima de riesgo (diferencia entre los que los inversores piden por prestar dinero a España y lo que piden por dejárselo a Alemania) ha subido esta lunes hasta la zona de los 118 puntos básicos, es decir, un 1,18% más de interés que lo exigido a los alemanes (1,52% en el caso de los bonos españoles a 10 años frente al 0,34% a los títulos germanos), diferencia que resulta bastante elevada para reflejar la valoración de dos países integrados en la zona euro y que respetan una disciplina económica y fiscal más  o menos homogénea.

Al margen de las diferencias de rentabilidades, lo que resulta más lesivo para los intereses españoles es el hecho de que el coste de la Deuda Pública va a  subir de forma sustancial cuando se apliquen estos nuevos baremos, ya que la deuda que se emita a partir de ahora, desde esta misma semana,  deberá afrontar en torno a un 10% más de coste financiero que la de hace apenas una o dos semanas. Es un coste que puede causar un apreciable daño a las finanzas públicas del país y que afectará a las expectativas de crecimiento  económico en los  próximos meses. Hay que recordar que España es uno de los países europeos con mayor  dinamismo económico y el de mayor crecimiento entre las cuatro grandes economías de la zona euro.

Los mercados han cogido miedo a lo que está sucediendo estos días en Italia y en España. La inestabilidad política en ambos países afectará al devenir de la zona euro, en especial la de Italia, cuyas fuerzas políticas dominantes están claramente orientadas hacia la puesta en solfa de las políticas fiscales y de equilibrio presupuestario de la zona euro  algo que toca de lleno a la línea medular y al epicentro de las políticas de la zona euro.  Precisamente la negativa del presidente de la República italiana a firmar la designación de un  ministro de Economía del grupo de los euroescépticos es lo que ha dinamitado la posibilidad de crear un Gobierno estable en el país.

La segunda oportunidad consistente en llamar a la dirección del país a un antiguo alto funcionario del FMI, experto en políticas de ajuste fiscal, no ha logrado calmar a los inversores, entre otras  cosas porque está por ver si su designación acaba resultando posible. El momento es delicado para Europa porque la fragilidad  del euro puede afectar a medio plazo a la vitalidad de la economía, si bien no faltan quienes consideran que la bajada de la cotización de la divisa europea frente al dólar ofrece interesantes oportunidades de mejora delas exportaciones y de la competitividad internacional. Lo que no resulta tan satisfactorio es el encarecimiento de los mercados financieros, cuestión que tanto a  Italia (uno de los países con mayor Deuda Pública del mundo, muy por encima de su PIB) como a España (también con una importante Deuda del Estado) les va a causar trastornos financieros y  de índole presupuestaria.

Lo cierto es que los mercados están inquietos, tanto por la fragilidad de la zona euro como por el  potencial de crecimiento de una economía como la española que hasta ahora había mostrado una gran vitalidad pero que se ve abocada a una crisis política que nos pasará factura económica.