La economía puede resentirse

Los asuntos públicos no van bien en España. Tampoco en Europa se puede decir que las cosas marchan por el camino recto. Nos interesa más como es lógico el  desbarajuste institucional que nos atañe a los españoles, una auténtica pena que amenaza con torcer el rumbo de la economía, una de las  pocas cosas que  están  funcionando con  razonable  eficacia. ¿Sufrirá mucho la economía con tanto  descrédito de la vida pública, con tanta dificultad para organizar la gobernabilidad del país en el inmediato futuro, con tanta incertidumbre sobre las políticas que puedan adoptar los gobernantes, cuya identidad  está sometida a toda clase de posibles cambios? Sería ciertamente un milagro que todo el quebranto que se respira en la vida pública no acabe por contaminar la labor de los agentes económicos.

La zozobra política tampoco está ajena en la escena europea, ya que el giro político en Italia vaticina conflicto entre las nuevas autoridades italianas y las de Bruselas, dado el muy distinto cariz que presentan las pretensiones económicas que están anunciando los nuevos dirigentes italianos respecto a lo que es la hoja de ruta dominante en los países de la zona euro y en especial de la Comisión Europea.

Las políticas fiscales, piedra angular de la actividad económica, pueden en efecto saltar por los aires. Italia no quiere saber nada de estrategias de control del gasto público y reducción a la baja en su déficit  público, a pesar de ser la economía más endeudada de la zona euro entre las grandes y una de las tres con más deuda en el conjunto de la zona euro.  En España, la entrada en una etapa de turbulencias políticas que apuntan hacia un menor control de lo público, con Gobiernos débiles y dispuestos a multiplicar las concesiones ante las demandas que se expresan en las calles y que no siempre gozan de la mayor concordia con los planteamientos de rigor,  puede acarrear un dificultoso   manejo de los asuntos económicos.

Estos hipotéticos descarrilamientos pueden ser graves en Italia, aunque el país circula a una de las velocidades más pobres  entre las economías de la zona euro. Pero un manejo inadecuado de la economía puede conducir al país al estancamiento  o a la recesión. En el caso de España, las urgencias son diferentes, ya que la economía española transita al mayor ritmo de crecimiento entre las economías líderes de la UE.

Un manejo inadecuado de la economía española puede desbaratar este ritmo de crecimiento, que viene rondando el 3% anual desde hace tres años, un estado de salud que no  tiene en la actualidad parangón entre las economías medias y grandes de la zona euro y que sería una pena hacer descarrilar. Perder esta velocidad de crucero a causa de la torpeza y los desatinos en el patio de la política frenaría, sobre todo,  la indispensable tarea de cortar la tasa de paro y de afrontar el pago de la elevada deuda que tiene el sector público, con las inevitables consecuencias negativas de índole social que ello  traería consigo.