El pacto presupuestario, para preocupar

El enjuague final de los Presupuestos del Estado se va a llevar por delante una de las reformas más elaboradas de cuantas se habían aplicado en los últimos años, la de la búsqueda de una cierta garantía de viabilidad futura de la Seguridad Social y en particular del sistema de pensiones.

El pacto político que ha  sellado el partido gobernante con  los nacionalistas del PNV  con la aparente aquiescencia de Ciudadanos y el autismo de los socialistas nos puede colocar en una compleja tesitura financiera y presupuestaria, dos de  cuyas víctimas, y no precisamente menores, serán la propia Seguridad Social  en sus cuentas de dentro de unos pocos años, no muchos, y  la confianza que los inversores podían tener en nuestra capacidad para recuperar la senda del equilibrio presupuestario.  Dos pilares sobre los que se había construido una cierta racionalidad económica y fiscal en estos últimos años pero que ahora  saltará por los aires.

No deja de llamar la atención que este panorama que ahora se abre con la negación de dos de las piedras angulares sobre las que pivotaba la economía española en estos últimos ejercicios haya sido impulsado por uno de los grupos políticos del arco parlamentario español, los nacionalistas vascos, que con mayor cuidado y ortodoxia han venido manejando la gestión del dinero público, desde luego en sus propias cuentas regionales, pero también en su disposición a contribuir a una buena gobernanza de los asuntos presupuestarios y económicos en el conjunto del Estado español.

La herida más profunda que puede  ocasionar el pacto sellado por los partidos políticos que apoyarán el contenido del nuevo Presupuesto del país atañe a la confianza de los inversores extranjeros, que en los últimos años habían ido incrementando las dosis de confianza en el manejo de los desequilibrios fiscales y presupuestarios con los que España ha logrado superar (casi) la crisis económica y financiera del último decenio. No se han superado porque España, con un déficit público por encima del 3% del PIB, sigue enjaulada en el mecanismo del déficit excesivo, es decir, bajo la tutela oficial de Bruselas. Pero se daba por descontado que  este mecanismo dejaría de estar vigente desde este año 2018.

Será difícil que ello suceda ya que el logro del objetivo de déficit español para el año 2018 del 2,2% del PIB, como se había pactado en un principio,  ha quedado seriamente dañado con los acuerdos presupuestarios cerrados este miércoles. Naturalmente, a reserva de que el Gobierno opte por dar un giro radical a su política tributaria y promover una subida de impuestos entro del debate presupuestario en   fase de iniciación.

En todo caso, una de las mayores ironías de lo sucedido en las últimas horas es el hecho de que el desbarajuste presupuestario que han pactado el Gobierno y el PNV para sacar adelante los Presupuestos ha coincidido con un importante hito en la  evolución de la prima de riesgo española, que ha tocado  justamente este miércoles  sus niveles más bajos desde el año 2011, en torno a los 67 puntos básicos, un nivel que muestra la altísima confianza a la que ha llegado la opinión que les merece España a los grandes inversores internacionales, gracias a lo cual España disfruta de unos bajísimos tipos de interés para financiar el elevado endeudamiento. Cuando los inversores extranjeros líderes en la formación de estados de opinión  analicen el pacto presupuestario quizás no otorguen una valoración tan benévola a nuestras finanzas públicas.