Menos intereses, más gasto

El tipo de interés medio que pagamos los españoles por  los créditos que tenemos contraídos, en su mayor parte hipotecarios, representa al día  de la fecha alrededor de una tercera parte de lo que suponía  en el año 2008, cuando llegó a su máxima fiebre la actividad hipotecaria y el ritmo de crecimiento de la economía. Hemos pasado en esta década desde tipos del  6% de media a niveles ligeramente superiores al 2%, es decir, una tercera parte. No es un dato de menor importancia, ya que por las cuentas de las economías domésticas se iban cada año muchos miles de millones de euros en el pago de intereses.

Este recorte en el precio de los créditos unido a que el volumen de créditos en manos de las familias, en especial los de tipo  hipotecario, es en la actualidad más bajo porque la gente se ha apretado el cinturón y ha disminuido sus deudas (unos 150.000 millones de euros de deuda hipotecaria inferior a la de hace un decenio), ha llevado a un importante ahorro de dinero para las familias. En números redondos, el ahorro  ronda los 39.000 millones de euros, sólo si comparamos las cifras pagadas en el año 2017 con las del año 2008.

El volumen de dinero ahorrado por este concepto es impresionante y ha contribuido a dotar a los bolsillos familiares de mayores recursos para destinarlos a gastos de otra naturaleza, lo que escenifica tanto la pérdida de ingresos de los bancos como la mayor alegría de los gastos  de las familias en  capítulos diversos del consumo, como la compra de coches, de ropa o de ocio y turismo. El dinero ahorrado por la vía de los menores gastos financieros es, no obstante, algo menor del señalado porque hay que considerar la contrapartida de los ingresos procedentes de las inversiones, en especial de los depósitos.

Al descender los tipos de interés, las familias han visto cómo sus ingresos procedentes de depósitos en los bancos  disminuían de forma sensible. Ha sido mayor, en todo caso, el ahorro de costes financieros que la pérdida de ingresos financieros procedentes de las inversiones. El diferencial rondará los  15.000 millones de euros anuales de mayor disponibilidad de recursos para el gasto, ya que es más lo que los españoles nos gastamos en pagar las hipotecas que lo que ingresamos por las modestas  rentabilidades de las cuentas bancarias, de forma que el saldo final resulta favorable  para la aportación de recursos al  ciclo económico.

La ecuación entre gastos financieros e ingresos de inversiones puede empezar a dar de nuevo la vuelta, pero no parece que ello vaya a suceder a corto ni siquiera  a medio plazo ni que alcance la  virulencia de épocas pasadas. El fuerte crecimiento de los gastos financieros  que se vivió en la etapa del ciclo inmobiliario alcista estuvo acompañado por un fuerte tirón alcista de los precios, que en estos momentos no parece en trance de repetirse.