La deuda ni se inmuta

Un año entero trabajando para devolver la deuda publica acumulada. Eso es lo que sigue pesando sobre la economía española una vez visto el balance de cierre del año 2017, con datos del Banco de España.

El volumen de deuda representaba a finales del pasado año el 98,3% del PIB, un poco menos que a finales del año anterior, y no porque la deuda haya disminuido sino porque uno de los factores de la operación matemática de división, el PIB, ha aumentado a mayor ritmo que la deuda, lo que reduce el resultado final de esta división.

En realidad, la deuda pública aumentó el pasado año en 37.078 millones de euros para alcanzar los 1,144 billones de euros. Alrededor del 42% de esta deuda está en manos de inversores extranjeros, lo que es un buen termómetro de la imagen de España en los mercados internacionales.

Esa buena imagen habrá mejorado en los últimos días tras el anuncio de la agencia Standard & Poor’s de elevar la calificación de los créditos españoles. S&P es la segunda agencia que mejora la calificación y se espera que la tercera de las grandes agencias, Moody’s, se pronuncie en breve en la misma dirección. A la vuelta de dos semanas podría producirse ese veredicto favorable, lo que supondrá un importante paso adelante para muchos inversores que esperaban una calificación favorable por parte de las tres grandes agencias.

En todo caso, la economía española se mantiene  con un grado de endeudamiento demasiado elevado y, sobre todo, con una evolución a la baja que no ofrece los avances que serían de desear. Una economía que está a punto de completar su cuarto año consecutivo con crecimiento del PIB del entorno al 3% tendría que haber alcanzado avances mucho más ambiciosos en la reducción del endeudamiento.

Hay casos muy significativos en este sentido como el de Irlanda, que llegó a alcanzar cotas de deuda sobre el PIB superiores a la española y que en la actualidad está ya bastante por debajo del 98% español.

El riesgo que tiene España con esta deuda tan elevada viene por dos vías. Por un lado, que el PIB no mantenga el ritmo de crecimiento de estos últimos años, incluso en previsto para este año, del 2,7%. A medida que crece menos el PIB, si no hay en paralelo un descenso de la deuda en valores absolutos, el porcentaje del 98% tenderá a subir. Pero el otro riesgo importante, que parece presentarse a plazo más o menos fijo, es el giro en la evolución de los tipos de interés. España se está beneficiando de unos tipos históricamente bajos, en torno al 2,5% de media histórica. Una subida de tipos de interés en la zona euro dispararía los costes financieros y obligaría a un doloroso ajuste fiscal, como sucedió en el año 2012.