Presupuesto optimista

El Presupuesto para el año 2018 nace cargado de dudas. Lo más destacado posiblemente sea el hecho de que se trata de un Presupuesto abiertamente expansivo que se apoya en la confianza en el crecimiento de los ingresos en torno al 6%, objetivo que la mayoría de los expertos considera un tanto optimista.

Tiene otros puntos débiles, como la incertidumbre que a estas alturas sigue dominando en el terreno político, ya que el Gobierno no cuenta con más apoyo que el de Ciudadanos, importante sin duda pero insuficiente porque falta cuadrar algunas adhesiones que no se presentan fáciles, como la del PNV.

La fuerte pulsación de los gastos, en la que el Gobierno se ha dejado llevar por un cierto fervor populista, con la vista puesta en los procesos electorales que se van a desarrollar durante el año 2019, ha merecido críticas fundadas y de alto voltaje, como las del mismísimo Banco de España. Predomina la sensación según la cual el Gobierno ha optado por dejar en un segundo plano el recorte del déficit y la consiguiente salida del procedimiento de déficit excesivo de la Unión Europea.

Habrá que ver qué análisis realizan los expertos de Bruselas cuando tengan en su poder las cifras definitivas del Presupuesto español, pero en algunos medios económicos se tuerce el ceño cuando se valoran las cifras propuestas por el Gobierno para el Presupuesto de este año, a pesar del enorme retraso con el que se va a aplicar. Con un poco de suerte, las previsiones presupuestarias se convertirán en ley a partir del verano, es decir, cuando ya ha transcurrido medio ejercicio. Las rebajas fiscales a algunos colectivos y los aumentos de salarios y pensiones pueden hacer descarrilar la contención del déficit, que este año debería bajar desde el 3,1% del PIB hasta el 2,2%. Una previsión que se contempla dificultosa ya que reducir el déficit en unos 10.000 millones de euros no parece encajar con las principales medidas anunciadas en materia sobre todo de gasto.

Lo cierto es que la recaudación prevista para el conjunto del año habrá de superar los 210.000 millones de euros, cifra homologable con la que lograba la Hacienda española en los buenos años de la burbuja inmobiliaria, allá por el año 2007. En apoyo de esta previsión, el Gobierno ha estimado un crecimiento económico del 2,7%, claramente por encima de la previsión anterior aunque en línea (un poco por debajo) con el ritmo de crecimiento que la economía española ha mantenido en los tres últimos años. Otro dato que apoya la previsión optimista de los ingresos es el incremento de la población ocupada, con alrededor de medio millón de empleos adicionales, lo que reforzará el crecimiento del consumo y de la inversión y, a la postre, el crecimiento de la recaudación fiscal. Son en todo caso previsiones que ofrecen un amplio margen para la duda.