Francia gana la carrera del déficit a España

España ha terminado el año 2017 con un déficit público en línea con el objetivo comprometido del 3,1% del PIB, un guarismo que no nos saca todavía del club del déficit, que realmente extiende sus credenciales a quienes se quedan por debajo del 3% del PIB, que es algo así como el certificado de buena conducta económica. Mejor sería tener superávit, es decir, ingresar más de lo que se gasta, pero esa es tarea al alcance de pocas democracias.

Lo cierto es que el logro de este déficit ha sido casi festejado como un gran avance, cuando en realidad es mérito menor. Respecto al año anterior, el déficit se ha recortado en algo más de 12.200 millones de euros, ya que durante el ejercicio de 2016 España presentó un déficit del 4,5% del PIB.

No parecen avances sustanciales para un país cuya economía crece a ritmos del 3% e incluso superiores. El incremento de los ingresos fiscales no se produjo como se esperaba sino que se quedó unos 7.000 millones de euros por debajo de las previsiones. El déficit de la Seguridad Social fue por su parte algo superior al previsto, a pesar de que las cifras de empleo y número de cotizantes aumentaron a ritmos de récord.

Tampoco ha servido de mucho que España se esté beneficiando, como las demás economías altamente endeudadas, de unos tipos de interés en mínimos históricos, gracias a los cuales se produjo de forma simultánea un aumento de la deuda pública y un descenso de los costes financieros del endeudamiento, que en este caso ha sido del 5% de retroceso. En suma, los avances de la contabilidad pública no han sido como para tirar cohetes. Tenían que haber mejorado de forma mucho más significativa.

La cifra oficial se conocía en España casi al mismo tiempo que la de Francia, aunque en este caso el déficit se ha reducido hasta el 2,6% del PIB. Un dato recibido con alborozo indisimulado, no sólo porque mejora las previsiones que se venían manejando, que aseguraban desde hace pocos meses que Francia dejaría de pertenecer al club de los torpes reduciendo el déficit por debajo del 3%, sino porque la previsión que se manejaba era la de situar el déficit en el 2,9% del PIB. Ahora, las cifras finales son aún mejores, del 2,6%.

Ha sido un golpe de mano para los franceses, ya que Macron da un paso importante en su credibilidad como líder solvente y fiable de una Europa más ortodoxa en el manejo de las grandes cifras económicas. Es justo lo que buscaba para liderar junto a Merkel los cambios y las reformas en la Unión Europea para impulsar el euro.