Una guerra comercial con trasfondo

La declaración de guerra comercial contra China lanzada por el presidente estadounidense Donald Trump ha causado una auténtica conmoción en los mercados, aunque el impacto real de esta medida puede quedar lejos de las apariencias iniciales que se manejan en estos momentos.

Estados Unidos no tiene tanto poder como para ganar esta batalla económica ni China tiene gran cosa que ganar si opta por la adopción de represalias en otros frentes de la vida económica, como por ejemplo el debilitamiento del dólar o la venta masiva de deuda pública estadounidense. Hay, en todo caso, variables políticas y estratégicas de más compleja evaluación como por ejemplo el apoyo de China a Estados Unidos en la tarea de apaciguamiento del líder de Corea del Norte, una delicada gestión que acaba de dar sus primeros frutos hace aún pocas semanas y que en cualquier momento puede volverse en contra de los intereses norteamericanos y posiblemente occidentales.

La ofensiva de Trump ha corrido en paralelo con un cambio de actitud frente a la Unión Europea. Las amenazas comerciales de los últimos días y semanas han empezado a suavizarse entre ambos socios y entre Estados Unidos y algunos países occidentales que en un primer momento habían sido objeto de las invectivas del dirigente estadounidense. Hay por lo tanto motivos numerosos para dejar para una segunda lectura las espectaculares medidas con las que Trump suele amedrentar al mundo. Con China es probable que las amenazas vayan bastante en serio en algunos aspectos pero es necesario desconfiar de la fuerza que muestran las declaraciones calenturientas del dirigente estadounidense. Se impone, en suma, un cierto compás de espera a la hora de evaluar el verdadero alcance de este conflicto potencial entre chinos y norteamericanos.

Uno de los motivos que aconsejan cautela es la posición financiera y monetaria de China, una parte de cuya riqueza se encuentra en dólares americanos. China posee en la actualidad en torno al 19% de la deuda pública emitida por el Tesoro estadounidense y los precios de realización, en el caso de que China opte por afrontar ventas masivas de estos activos, no le serían favorables al país asiático.

Es probable que estemos asistiendo a un intento torpemente gestionado de reducir el cuantioso déficit comercial que Estados Unidos tiene con China, que el año pasado alcanzó nada menos que los 375.00 millones de dólares, tres veces mayor que el de hace apenas 15 años y casi el triple del déficit que presenta la relación comercial entre Estados Unidos y la UE. Los tres grandes bloques económicos presentan, en suma, fuertes desequilibrios que deberán esforzarse en corregir. Otra cosa es que intenten hacerlo por las malas, por la fuerza de los hechos consumados y las posiciones de fuerza unilaterales. No parece una fórmula viable.