Europa titubea

Los primeros pasos de los ministros de la Eurozona para emprender la reforma de la UE no están resultando  esperanzadores. Este lunes, los titulares de Economía han tenido las primeras  aproximaciones a la dificultad del momento, es decir, para hacer de la UE un bloque económico más compacto y con mayor fuerza en el contexto económico mundial.

Las dificultades son de índole política, aunque también económica. En el plano político, Alemania, el socio más importante de la UE, se encuentra en fase de  cimentación de su alianza de Gobierno de la que habrán de salir los planteamientos programáticos  con los que participar en esa tarea común. En teoría, Alemania y Francia forman un frente común, pero el cambio de orientación gubernamental en Alemania, con la entrada en el Gobierno de Berlín  de socios socialdemócratas, puede imprimir un  giro importante en las oportunidades de esta alianza franco germana, que siempre ha sido la base sobre la que se ha germinado todo el proceso de avance en la integración económica europea.

Además, en los últimos meses, algunos países europeos del norte han expresado sus reticencias sobre la oportunidad de  adoptar avances en la integración de los Estados Europeos mientras no se produzca una cierta tarea de homogeneización de los sectores públicos.  En particular, mientras no haya un  alineamiento más razonable en los déficits fiscales. Siempre nos tropezamos con  el diferencial entre el norte y el sur europeos, un obstáculo en el que han encallado tradicionalmente muchas de las medidas de unificación europea en lo económico. La mutualización de las deudas que mantienen los países europeos  es un asunto de la mayor importancia, ya que una parte de los ciudadanos europeos muestran altas reticencias a suscribir y corresponsabilizarse de deudas asumidas por otros socios de la UE que no han sabido o no han querido respetar cierta disciplina en el gasto público.

Los avances hacia una mayor integración deberán partir,. Por lo tanto, de compromisos  más firmes de los Estados miembros a la hora de  aplicar medidas más ortodoxas en el manejo del gasto y en la financiación del mismo. Estamos ahora en una fase de tipos de interés sumamente bajos que, en principio,  debería ser una excelente oportunidad `para ajustar el nivel de deuda a la baja.

Por lo que se está viendo, el aprovechamiento de esta oportunidad histórica para reducir la deuda no  forma parte de las políticas prioritarias de  los países miembros, al menos de algunos de ellos en los que, además, han surgido en los últimos tiempos movimientos políticos pujantes que no apuntan precisamente en la dirección que desearían los miembros dominantes de la UE. Italia es el caso más  flagrante, con el avance del populismo y la añadida dificultad de gobernabilidad del país.  España no le anda muy lejos, aunque de momento el acceso de estos grupos políticos de corte populista a las esferas de Gobierno parece algo lejano, lo que no facilita sin embargo una acción decidida por parte del Gobierno en favor de las líneas maestras que se están diseñando en Europa.

El momento económico, con la amenaza de una guerra comercial por parte de Estados Unidos, debería  empujar a la zona euro a reforzar sus lazos de unión con el objeto de hacer frente a este y a otros riesgos similares que se perciben en el corto y medio plazo.

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