Italia, un riesgo potencial para el euro

Dentro de una semana estaremos contemplando los resultados de las elecciones legislativas de Italia. Es uno de los test que tiene sobre la mesa el euro, cuando apenas acaba de superar, con nota peor que mediocre, las elecciones alemanas, de donde no ha salido un ganador claro sino, por el contrario, una coalición con fórceps, que no garantiza una conducción firme  en la vida política y económica del país más importante de la UE.

Tras el fiasco alemán, dentro de unos  días podríamos encontrarnos  con otra situación poco edificante para el euro en Italia.  No está el euro en horas bajas en lo que atañe a su cotización, ya que  se ha apreciado más de lo esperado frente al dólar, en torno a un 15% en poco más de un año, por lo que una fase de debilidad del proyecto europeo  podría ser incluso beneficiosa para los exportadores de la zona euro. Pero la fragilidad del euro en la vertiente institucional y la posible paralización de algunos de sus principales proyectos sí que tendría un mayor impacto negativo.

Las razones para la preocupación radican en que, a diferencia de lo sucedido en Alemania, en Italia hay pocas apuestas políticas  que reflejen una cierta cordura económica. Los cuatro principales partidos políticos, ninguno de ellos con opciones, ni de lejos, para obtener una mayoría parlamentaria, se han lanzado a una auténtica puja suicida de promesas económicas y sociales de imposible cumplimiento. En Bruselas temen que el caso italiano deje muy empequeñecido al griego, cuando todavía resuenan los ruidos de la imposible partida de ajedrez de Atenas.

Y preocupa la actual deriva italiana porque Italia no es como Grecia, al fin y al cabo un país bastante marginal en el entramado comunitario europeo. Italia es la tercera economía de la zona euro y muestra en los últimos meses un creciente desapego  frente a la construcción europea y una división interna, entre el norte y el sur, que si siempre ha sido ostensible, la crisis la ha agudizado de forma alarmante. El crecimiento de la economía italiana ha sido pobre en estos años, lo que ha impedido que el país haya contado con medios para restañar sus heridas domésticas. Este año pasado, Italia no ha logrado crecer más que un 1,6%, su mejor registro desde hace muchos años, a gran distancia de la media europea y de países  como Alemania y por supuesto España.

Las propuestas económicas de los aspirantes  a ocupar la sede del Gobierno en Roma  distan mucho de la búsqueda del equilibrio presupuestario.  Es más, de llevarse a cabo  algunas de estas políticas, Italia podría verse abocada a un déficit público que incremente aún más la insaciable Deuda Pública del país, que representa en la actualidad más del 130% del PIB.

Ahora mismo, el  endeudamiento público de las economías europeas más endeudadas (Italia se lleva la palma aunque también el asunto afecta a otros países, como España), se está viendo altamente favorecido por los bajos tipos de interés. Pero esta política monetaria favorecedora de los elevados déficits europeos está a punto de iniciar un giro hacia una etapa menos permisiva, en la que los tipos de interés van a aumentar de forma quizás de forma gradual pero inexorable. Es mucho el dinero que países como Italia se han  ahorrado gracias a los bajos tipos de interés, lo que no se ha traducido como hubiera sido deseable en una mejora del nivel de deuda.  Si este ahorro empieza a desaparecer en el  futuro más o menos inmediato, el castillo de naipes que los partidos políticos italianos han enseñado a sus electores se vendrá  debajo de forma inevitable. Y ese sí será un grave riesgo para la Europa del euro.