El creciente peso del exterior en la economía

La economía española ha incrementado en los últimos años su dependencia del exterior de forma muy acusada. Dos datos del balance del año 2017 lo ponen de relieve, por un lado la llegada de 82 millones de turistas (30 millones más que ocho años antes) y por el otro el ascenso imparable de las exportaciones, que establecieron un nuevo récord histórico de 277.100 millones de euros tras registrar en el año un crecimiento del 8,9%, el mayor entre los países desarrollados. El turismo y la exportación han sido indudablemente dos de los principales motores del crecimiento económico del país en estos años de superación de la crisis desatada hace nueve años.

El mantenimiento de estas dos locomotoras de la economía nacional debería ser objetivo primordial para hacer frente a eventuales crisis futuras. Si la dependencia del exterior es elevada, las penurias internas podrán ser más llevaderas, aunque el grado de diversificación exterior (tanto de las exportaciones como de la procedencia de los turistas) cuentan con amplio margen de maniobra y resultan imprescindibles para diluir los riesgos de crisis localizadas en zonas del mundo concretas. En ambos casos, la capacidad competitiva es pieza esencial.

En el caso de la actividad turística, las motivaciones del éxito español son diversas, aunque una de ellas reside en el adecuado equilibrio entre calidad y precio, ya que España es un destino con buenas prestaciones, buena planta y servicio hoteleros y precios bastante razonables, lo que nos ha permitido ocupar ya el pasado año la segunda plaza del mundo tanto por número de visitantes como por ingresos de la actividad turística.

Pero la elevada demanda del destino español para los turistas de todo el mundo ha tenido en los últimos años, los más recientes, una consecuencia nada deseable, la del en carecimiento de las tarifas para los visitantes extranjeros. Este dato resulta importante sobre todo cuando se compara con el de los países que más directamente compiten con España en el turismo vacacional, el del sol y playa (casos de Turquía o Egipto), terreno en el que España ha experimentado un notable encarecimiento en los últimos años, hasta el punto de situar nuestras tarifas bastante por encima de las que presentan nuestros competidores más directos. Esta situación nos sitúa ante un riesgo palpable de merma futura de clientela. Lo que parece bastante difícil es mantener el ritmo frenético de aumento del número de visitantes durante estos últimos años, a una media anual de 4 millones de visitantes nuevos cada año.

La capacidad exportadora de mercancías también ha conocido en estos años un fuerte ritmo de crecimiento que sería primordial conservar. España ha logrado aumentos en los ingresos por exportaciones en medio de unas circunstancias bastante adversas dado que el encarecimiento del valor del euro frente a las demás divisas internacionales, en especial frente al dólar (en torno a un 24% en poco más de un año), pone un punto de carestía a los productos españoles que se venden fuera del área de la zona euro, a donde se destina alrededor del 48% de las exportaciones totales. Lograr avances tan importantes en las exportaciones españolas como los alcanzados en estos últimos años, con la adversidad de un tipo de cambio muy poco favorecedor por su carestía y con la dura competencia del propio mercado interno, que está creciendo a ritmos superiores al 3%, constituye un gran mérito que sería necesario preservar.