Inflexión en el déficit de la Seguridad Social

El déficit de la Seguridad Social  presentará este año 2018 un punto de inflexión  tras alcanzar el año pasado su nivel más alto en valores absolutos, 18.800 millones de euros. La afirmación cargada de optimismo de la ministra de Empleo, Fátima Báñez,  será, de cumplirse, una buena noticia aunque llegue con notable retraso porque después  de tres años seguidos con aumentos del empleo  y cotizantes de alrededor de medio millón de personas al año, la sangría financiera del organismo es todavía uno de los grandes agujeros de la economía española que es imprescindible afrontar, en teoría para  alcanzar en Algún momento el equilibrio  que permita, por encima de todo,  aportar las mayores garantías de supervivencia al sistema.

La mejor aproximación a ese cambio de orientación en las grandes cifras del sistema es el hecho de que durante el año pasado los ingresos por cotizaciones sociales hayan aumentado, gracias al crecimiento del empleo, en un 5,36% frente al crecimiento de  los gastos por pensiones en un 3,15%. Este aumento mayor en  los ingresos que en los gastos responde al buen aumento del empleo, aunque el aumento de los gastos sigue reflejando las crecientes pensiones que  el sistema abona a los nuevos jubilados, que han  cotizado a niveles más altos y por lo tanto provocan una aceleración en el gasto total del sistema.

Prolongar en el curso de los próximos años esta tendencia hacia una rebaja del déficit requiere por un lado aumentos del empleo sostenidos  y, por otro,  una disminución del ritmo de crecimiento de los desembolsos, algo que no siempre resulta posible ya que el  número de nuevos jubilados sigue aumentando con cierta intensidad como consecuencia de  procesos de ajuste de empleo que quizás tengan cada vez un carácter más residual pero que siguen  acumulando pensionistas a un ritmo que supera los movimientos naturales de la población.

Las jubilaciones anticipadas siguen apareciendo en el orden del  día de la economía,  bien por crisis económicas, bien por ajustes que se derivan de las nuevas condiciones que  afectan a algunos sectores en fase de acelerada transformación tecnológica. Hay sectores muy boyantes o simplemente con beneficio en los que los ajustes de empleo  están reflejando una nueva realidad derivada de cambios tecnológicos que requieren nuevos niveles de empleo. Bien es verdad que, de forma paralela, aparecen  fuentes de creación de empleo alternativo, precisamente derivados de las nuevas tecnologías. Por ejemplo, en sectores como la distribución o el  bancario,  los buenos resultados empresariales coexisten con  ajustes de empleo de cierta importancia debido a las transformaciones que se producen en la actividad empresarial, cuya modernización requiere otros niveles de ocupación.

El retorno a una fase de acercamiento al equilibrio  presupuestario de la Seguridad Social dependerá, por lo tanto, del equilibrio entre estas tendencias, alto nivel de creación de empleo (en torno o por encima del 2,5%  de crecimiento anual) y moderación en el aumento de los  gastos sin frenar la actualización del modelo económico susceptible con una creciente competitividad de las empresas. El objetivo que algunas veces se ha planteado desde sectores empresariales de rebajar las cotizaciones sociales para   favorecer una mayor creación de empleo no parece que vaya a encontrar un hueco en  este cambio de rumbo que la Seguridad Social parece estar iniciando hacia una mejora de su equilibrio financiero. Pero sería una buena medida si queremos que el nivel de empleo  y de paro  alcance rápidamente cotas más equiparables a nivel internacional.