El euro, arma de doble filo

La fortaleza del euro frente al dólar no parece tener límites y la  divisa europea ha rebasado hoy la cota de 1,25 dólares, lo que no hará más felices precisamente a los exportadores europeos, que ven cómo empeoran las oportunidades de exportación para sus productos y también para los servicios que, como el turismo, juegan un papel esencial en algunas economías de la zona euro. Hay que  recordar que los turistas que visitan España en estos momentos lo hacen con un euro que es un 15% más caro frente al dólar que hace un año.

La diferencia es considerable, tanto que algunos empiezan a preguntarse si no estará Estados Unidos llevando a cabo una política premeditada de devaluación competitiva del dólar para  hacer  válida esa premisa que guía la conducta de su primer mandatario, el  volcánico Donald Trump: “Primero América”.  Las declaraciones de algunos dirigentes económicos de la Administración Trump  han multiplicado las presiones a la baja  sobre el valor de la divisa estadounidense. Una de las motivaciones de su menor fortaleza es la demora en la subida de tipos de interés que la Fed había programado para el pasado año y para el  ejercicio en curso, subidas que se han ido aplazando de forma reiterada mientras se suscitan continuas especulaciones y previsiones  sobre  el hipotético endurecimiento de la política monetaria del BCE, que no acaba de materializarse.

Precisamente este jueves, el máximo responsable del BCE, Mario Draghi, ha vuelto a insistir sobre el fortalecimiento de la economía europea, que se encuentra en su mejor etapa de crecimiento desde antes del inicio de la gran crisis, es decir, hace unos doce años.  Draghi reitera un mensaje de fortaleza en el crecimiento económico pero no acaba de soltar prenda en relación con la necesidad de endurecer la política monetaria. Los analistas, al menos una parte importante de ellos,  esperaban que esta reunión del jueves 25 de enero  sirviera para dar pautas más  fiables sobre su futura conducta.

Pero el jefe del BCE  ha vuelto a dar largas. La subida de tipos no llegará hasta el año 2019, quitando dosis de esperanza a los bancos de la Eurozona, que esperaban como agua de mayo un aumento de los niveles de precio del dinero para recomponer sus cuentas de resultados. Tampoco ha anunciado Draghi nada nuevo en relación con la política de compra de activos a través de la cual el BCE ejerce su disciplina monetaria. Ya hace unos meses anunció que rebajaba hasta los 30.000 millones de euros mensuales (la mitad que hasta el pasado diciembre) la cuantía de la compra de activos y que esta nueva  cifra de intervenciones mensuales, que en principio sirven para dotar de liquidez a los  mercados y mantener lo más viva posible la llama de los estímulos económicos,  se prolongará hasta septiembre.

A partir de ahí, nada se sabe. Habrá que esperar un poco más  de tiempo y sobre todo alimentar la idea de   que otros factores ayuden a reequilibrar el mercado de divisas, para que los tipos de cambio reflejen más adecuadamente los ritmos de crecimiento  de las economías, lo que  tendría que  frenar un poco la escalada del euro y en especial darle mayor fuerza al dólar.