Davos y la desigualdad

La reunión anual que se celebra por estas fechas en la ciudad suiza de Davos, estación invernal que hizo famosa Thomas Mann con su “montaña mágica”  en el año 1924, suele servir para repasar los temas más candentes de la vida económica mundial.  Lejos de las preocupaciones que embargaban a la burguesía europea de aquella época, entre las dos guerras mundiales, el ámbito de los asuntos que ahora suelen debatirse  es bastante distinto.

Este año 2018, el  tema es la desigualdad, las distorsiones en las sociedades desarrolladas y en el mundo en general  que ha provocado la larga y profunda crisis económica de estos años pasados.  El lema que lo resume  esta vez propone crear un futuro común  en un mundo fracturado y los protagonistas de este encuentro son, como cada año, varios miles de empresarios y analistas, junto con representantes de instituciones políticas de todo el mundo, reunidos para proponer soluciones a un problema del que sobran, por su abundancia y redundancia,  los diagnósticos.

Por decirlo de forma breve, en Davos se reúnen estos días los autores del fenomenal  impulso económico mundial que estamos presenciando, es decir, los empresarios.  La forma en la que se distribuyan los frutos de esa prosperidad no es lógicamente asunto de su exclusiva incumbencia, pero seguramente están en condiciones de aportar ideas y puntos de vista valiosos para provocar una distribución más extensiva, más igualitaria, entre los ciudadanos de todo el mundo. No es un asunto que no les interese a los propios empresarios. Más bien al contrario: cuanto mayor sea el tamaño de una poderosa clase media, con  unos grados de riqueza  más repartidos y socialmente más distribuidos, mayor será el potencial de crecimiento  futuro de las economías, tanto las emergentes como las desarrolladas.

La ocasión es propicia para lanzar ideas que sirvan de reflexión sobre las desigualdades sociales que se han multiplicado en los últimos años, al calor del acelerado avance de la economía mundial, que ha tenido en los avances tecnológicos uno de sus ingredientes de particular importancia.  Pero ni la tecnología está ayudando a menguar la desigualdad sino más bien a consolidarla.

Las economías crecen y de hecho el FMI ha constatado con albricias estos días que las previsiones de aumento de la actividad a nivel global se están acelerando, con un aumento particularmente fuerte en el comercio mundial. El comercio, que este año podría registrar tasas de crecimiento del orden del 4,6%, muy poco habituales por lo elevadas, está siendo un poderoso ingrediente para facilitar el acceso  a mayores grados de prosperidad de muchas zonas del mundo que sin embargo  permanecen fuertemente marginadas de los niveles aceptables de riqueza y bienestar.  La preocupación del Economic World Forum sobre la forma de repartir mejor la riqueza que crece ahora con más fuerza  que nunca en estos últimos años  la comparen muchas instituciones desde la ONU hasta algunas ONG’s como Oxfam, que en vísperas de la celebración del cónclave empresarial en la ciudad  suiza suele hace un  balance de diagnósticos cargados de diferencias aberrantes y ciertamente dramáticas. Los reunidos en Davos tienen  estos días la oportunidad de lanzar propuestas que sean capaces de revertir  estos balances, que en el caso de España tienen un  reflejo especialmente  pernicioso para la equidad.

0 comentarios

Escribe tu comentario

¿Quieres unirte a la conversación?
Agradecemos tu participación.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *